Por Facundo Arrechea, de la redacción de NOVA.
Con la mirada puesta en la futura conformación de las listas que competirán en el turno electoral de octubre y en los movimientos que diferentes sectores del justicialismo –sobre todo el kirchnerismo- comenzaron a ensayar desde hace algunas semanas, el oficialismo municipal evalúa puertas adentro las distintas jugadas posibles que, tal como anunció este medio hace dos semanas, le posibiliten mantener la única banca propia en la Cámara de Diputados –ocupada por Gabriel Bruera- y conservar cierta autonomía legislativa en el Concejo Deliberante, donde el bloque que responde al intendente Pablo Bruera renueva casi la mitad de su composición.
En los pasillos del Palacio Municipal de calle 12 –y en el Concejo, habitual caja de resonancia- reina por estas semanas un ánimo ambivalente: por un lado, apuestan a recuperar “la confianza perdida” tras las inundaciones del último 2 de abril –quizá los más optimistas- y por otro, avizoran un irreversible cambio en las reglas del juego. En ese cuadro de situación descartan de plano que el kirchnerismo les tienda una mano y por eso buscan escenarios favorables de cara al cierre de listas.
Conscientes de que hay una verdad ineludible –el apellido Bruera ya no es garantía para la consecución del respaldo oficial del FPV, como ocurrió en 2011-, apuestan a refugiarse en el vecinalismo original y en ese sentido ven como alternativa más potable en materia electoral la presentación de la denominada “lista corta” o circunscripta en la lógica seccional; es decir, sin candidatos nacionales pero con los cuerpos de candidatos a diputados provinciales –se renuevan seis en la Octava- y para el Concejo –el cuerpo renueva 12 de las 24 bancas- y los consejeros escolares.
Sería un virtual retorno a las fuentes; una apuesta al sello del Frente Renovador Platense (FRP) con el que el bruerismo llegó a la intendencia en el 2007, aunque también una jugada que podría significar el aislamiento político. Alentados por los resultados favorables del 2011 en esa instancia, también se alienta la posibilidad de ir a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) a pelear la representación de “la lista de unidad” que, como trascendió en diferentes ámbitos, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pidió que se conforme en todos los distritos.
El objetivo prioritario del bruerismo es la renovación del escaño del hermano del jefe comunal, pero otro no menor es obtener una aceptable performance en el Concejo, donde de nueve concejales “puros propios”, al oficialismo se les vence el mandato de cuatro: las bancas de Silvana Soria, de Gabriel Céspedes, de Valeria Amendolara –con chances concretas de encabezar nómina- y de Juan Pedro Chaves. También caduca el mandato de dos aliados incluidos en el sistema de “voto automático” a favor del bruerismo: la ex Coalición Cívica Julia Larcamón y el cegetista Miguel Forte.
Tienen mandato garantizado hasta el 2015 el titular del cuerpo deliberativo, Javier Pacharotti, la edil martorellista Lorena Riesgo –actualmente de licencia por maternidad-, el gordillista Fabián Lugli, los sindicalistas Juan Lotúmolo y Pedro Borgini.
Según información extra oficial a la que tuvo acceso este medio –y que circula a ritmo creciente en los corrillos políticos-, los dueños de la lapicera kirchnerista habrían ofrecido al bruerismo la concesión de dos ediles propios a la hora de conformar una eventual nómina de unidad justicialista en la ciudad, una oferta que de aceptarse, le posibilitaría al Ejecutivo sobrevivir sin sacar los pies del plato dentro del universo K pero, en los hechos, dejaría expuesta la debilidad que asomó en la tropa municipal después del trágico temporal de principios de abril. “Todavía tenemos la titularidad del PJ y dos años y medio más de gestión”, razonan a modo de autoaliento en algunos despachos.
La verdad reflejada radicará en los votos que los ciudadanos de los barrios periféricos –los más afectados por el temporal, junto a sectores del casco urbano- depositen en las urnas, en una instancia legislativa que oficiará de plebiscitaria de la gestión comenzada en el 2007 y refrendada en el 2011.
La presidencia del Concejo ¿en juego?
Uno de las mayores preocupaciones en la tropa legislativa del jefe comunal es la posibilidad -ante una mala performance en las urnas- de perder la presidencia del Concejo, actualmente en manos de Javier Pacharotti. Ese apetecible reducto parlamentario de poder le corresponde institucionalmente a la fuerza que obtenga la primera minoría tras los comicios.
En un eventual escenario desfavorable para el oficialismo, el Frente Amplio Progresista (FAP) es el sector que -con tres ediles en su haber en la actualidad: Gastón Crespo (renueva), Emiliano Rocheteau y Leonardo Fernández-, tendría mayores chances de quedarse con la presidencia. Situación similar es la del bloque de extracción K Nacional y Popular, integrado por Sebastián Tangorra –alakismo-, Martín Alaniz –camporismo- y Sabrina Rodríguez –Movimiento Evita-, los tres con mandato seguro hasta el 2015.
El denarvaísmo, constituido en el sector peronista anti K mejor posicionado en caso de que el massismo no juegue con todas las fichas en La Plata, es otro de los espacios que de alcanzar un guarismo cercano a los 20 puntos en las urnas, podría pelear por ese lugar –actualmente tiene una banca, la del edil Guillermo Renna-. El radicalismo tiene dos escaños: Fernando Gando y Guillermo Duva –mandato a cumplirse en diciembre-.
Cabe recordar que para ingresar un edil al Concejo hace falta llegar a un piso de sufragios del orden del 8,33 por ciento. Para ingresar un legislador a la Cámara de Diputados de Provincia, en tanto, el guarismo de base es el 16.66. Cifras que según cómo se presente el mosaico de candidaturas –alianzas y constituciones de frentes mediants-, y la fragmentación de espacios, serán determinantes a la hora de pelear por los cargos legislativos en disputa.