Las inundaciones que afectaron a la ciudad de La Plata el pasado 2 de abril, anegaron a todos los platenses por igual. A algunos el agua les entró a la casa y a otros la catástrofe les llegó a través del dolor de sus vecinos. La inundación se llevó vidas, recuerdos, años de trabajo y dejó en el camino solidaridad, miseria, reclamos, oportunismo. A un mes del trágico temporal, NOVA repasó los hechos más importantes.
El día era gris como el de este jueves, pero el cielo estaba más enojado y dejó caer sobre la histórica ciudad de las diagonales cientos de milímetros de agua, que horas más tardes se transformaron en lágrimas. Calles anegadas, vecinos en los techos, gritos de desconocidos en una noche larga, muebles rodando por todos lados buscando un rincón donde apoyarse, autos estropeados, platenses que partieron sin poder despedirse de sus seres queridos, agua, mugre, miseria, dolor, impotencia.
Con las primeras luces del día, llegó la mano amiga dispuesta a colaborar. A la queja ante la falta de ayuda y compromiso gubernamental, o la demora en su aparición, surgió la acción solidaria del voluntario. Aquel que se había mojado un poco menos, aquel que el agua no le había dañado tanto su hogar, aquel que no había perdido un ser querido, aquel que tenía algo para dar, se sumó a una cadena que se repitió durante más de una semana por distintos puntos de la ciudad. La solidaridad se multiplicó por todo el país, y la autopista Buenos Aires- La Plata se colapsó por los camiones con donaciones que arribaban desde distintas ciudades de Argentina.
El sol, también, puso en evidencia la desidia por parte del Estado y la falta de responsabilidad a la hora de calzarse las botas de goma y salir a poner la cara ante la situación. Los que llegaron tarde a la zona de desastre, por estos días siguen siendo cuestionados y sus cargos políticos penden de un hilo, que con el paso de las horas se tensa más y más. El agua a estos, no los ahogó, pero les llegó al cuello.
El denso río fue bajando de a poco y apareció la angustia ante lo perdido. Lo sorprendente de esta tragedia es que había afectado a todos por igual. Una densa línea en las paredes de las casas no discriminó barrios, ni estratos sociales. Como si la naturaleza hubiese querido dar una lección de vida, marcó con negro las viviendas de todos los platenses por igual, sin importar nacionalidad, poder adquisitivo, nivel social, locación habitacional, edad ni sexo.
Mientras algunos hogares iban limpiándose y desinfectándose de la mugre que dejó el temporal, muchos vecinos comenzaron a organizarse en reclamo de justicia. Justicia por los muertos y las pérdidas materiales. El dato llamativo de la protesta se lo llevan los actores. Es que el sujeto que reclama es el de clase media, porque el agua llegó a lugares al que antes no había arribado y son los vecinos del casco urbano los que encabezan el reclamo.
En los barrios, en la periferia platense, la participación y organización vecinal es mínima. Los vecinos de esas zonas dicen que son habituales este tipo de pesadillas. Lamentablemente ese “estar acostumbrado a esto” se repite en cada casa que se levanta a la vera de los distintos arroyos de la ciudad. El reclamo de estos platenses no surgió con la llegada de las últimas inundaciones. La pobreza y la miseria por estos lares quedaron en evidencia con la subida del agua, pero es de larga data.
Como suele ocurrir, al válido reclamo vecinal, se le sumó la voz de miembros o militantes de la oposición que, en muchas ocasiones, se olvidan de la bandera que enarbolan los reales damnificados y gritan a favor de sus propios intereses. En este sentido, utilizando el reclamo de muchos platenses afectados por el temporal, son varios los opositores que hacen de la tragedia un escenario para panfletear sus plataformas e ideas partidarias. Así, desde varias asambleas barriales, se repudió la utilización de la protesta vecinal por parte de diversos sectores políticos de la oposición. Además, lo llamativo de los cuestionamientos de estos referentes locales es que sólo apuntan sus cañones contra la cúpula municipal, olvidando que además del intendente platense, la responsabilidad debe recaer sobre autoridades provinciales y nacionales.
A los políticos que ni la inundación los sensibilizó, se sumaron los oportunistas de siempre, que se hicieron pasar por damnificados para obtener algunos beneficios. El ejemplo más claro son los créditos otorgados por el Banco Provincia, que rápidamente fueron absorbidos por ciudadanos que nos habían padecido pérdidas materiales derivadas del temporal y que aprovecharon la ocasión, y la falta de control por parte de la entidad financiera, para tomar grandes sumas de dinero no sólo para arreglos de casas, sino para la compra de bienes de lujos, como automóviles.
Finalmente, el fantasma que dejó la inundación es la sospecha en torno a la cifra de víctimas fatales. La lista oficial detalla 52 muertos. Sin embargo, a los rumores de vecinos que hablan de la existencia de más fallecidos, se suma la denuncia del juez Luis Arias quien manifiesta la existencia de al menos 57 personas víctimas de la catástrofe. El dato significativo de este interrogante, plagado de versiones que no tienen un origen puntual, es que el magistrado fue inhabilitado para seguir investigando, así como el defensor oficial del Fuero de la Responsabilidad Juvenil, Julián Axat.
A un mes de aquel día, las cifras de la catástrofe indican que llovieron 320 milímetros en dos horas, que 2200 personas fueron evacuadas, que 52 personas murieron, que aún hoy 12 mil familias están gravemente afectadas y aproximadamente 6 mil millones de dólares se contabilizan en pérdidas materiales.
Los trágicos hechos padecidos por los platenses el pasado 2 de abril, afectaron profundamente la sensibilidad de las personas. Es que hasta la rutina se ve alterada ante la caída de algunas gotas, la presencia de nubarrones o el informe del servicio meteorológico. Es tan reciente la herida, que no serán necesarias armas letales para volver afectarla.
Este jueves se cumplió un mes de una de las catástrofes climáticas que más dañaron a La Plata. Los vecinos afectados y diferentes organizaciones marcharon por la ciudad para exigir justicia por aquellos que ya no están y por los daños materiales padecidos. Entre lágrimas, gritos y cánticos se recordó a las víctimas y se denunció a los responsables. Hasta el cielo lo hizo, que como ese día, también se vistió de gris. Las grandes ausencias, fueron las mismas de hace un mes. Ninguna autoridad gubernamental se animó a mostrar la cara y a deslizar un plan ante una contingencia similar. Ojalá no quede sólo en manos de la solidaridad la solución de este tipo de tragedia.