El debate alcanza hasta a la propia calidad democrática. Se señala que es la primera vez en la historia que sucede. La comunidad periodística internacional reacciona con pavor. Periodistas, artistas y dirigentes políticos de todas las fuerzas repudian lo ocurrido. Este lunes la tapa del diario Clarín apareció en blanco. Sorprende mirar la portada y asistir al vacío. Una y otra vez se contempla, y de nuevo: blanco.
Explican que lo hacen en repudio a la censura y el ataque a la libertad de expresión. El domingo, el diario no pudo estar en los quioscos. El grupo empresario se victimiza, amparado en un fallo judicial de enero que el Gobierno no quiso cumplir.
En esta clase de conflictos hay que abandonar las posiciones de barricada –en uno u otro sentido- y aclarar las ideas. Tanto las causas del problema como sus consecuencias son igual de preocupantes. Esto es, la persecución a los trabajadores señalados y la imposibilidad de un diario de estar en la calle.
Las causas: alrededor de cien trabajadores de la empresa Artes Gráficas Rioplatenses (AGR), del Grupo Clarín, se movilizaron a la planta de distribución del matutino acompañados por sus familiares e impidieron su salida en la jornada de mayor lectura para un diario. Denuncian “persecución sindical”.
Se sabe que el grupo no permite la sindicalización de sus trabajadores. En 2004, Clarín despidió a cerca de 120 periodistas, muchos de ellos en la cúpula gremial. La Justicia ordenó su reincorporación, y el grupo empresario debió acatar. Pero nada volvió a ser lo mismo. Hoy los trabajadores denuncian la deuda de sus haberes y la persecución para que no se relacionen con el resto, además de la quita de horas extras y suspensiones.
“La comisión interna tiene permitido ingresar a la planta, pero no se nos paga el día y tampoco nos dan tareas –señalan-. Nos ubican en un cuartito rodeados por personal de seguridad que nos sigue a todos lados con cámaras”.
El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que fue instruido por la presidenta Cristina Fernández para convocar a las partes, señaló que “es un conflicto laboral de larga data”. "Hemos estado reunidos demasiadas horas y tenido que decirle a la policía que nos trajera por medio de la fuerza pública a los representantes con poder en la compañía para estas negociaciones, porque ni siquiera venían a las reuniones convocadas", aclaró.
De manera que tenemos un derecho vulnerado sobre otro.
Las consecuencias: Clarín y Olé no pudieron salir a la calle este domingo en la zona de Capital y el Gran Buenos Aires. Fue la primera vez que ocurrió en 65 años de vida del diario más leído de Argentina. En un país que ya lleva más de un cuarto de siglo de democracia, con sus instituciones funcionando plenamente y una libertad de expresión sólida e indiscutible, lo acontecido no hace más que configurar un peligroso paso en falso para el sistema.
El grupo empresario se escuda en la democracia, sin observar su propio funcionamiento interno. Está claro que el contacto entre un medio de comunicación y sus lectores no puede ser cercenado. Los derechos de los trabajadores, tampoco.