Opinión
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Usinas Pampa Sur La Plata: La Oda al Cobarde

La economía se mueve en ciclos económicos, ascensos y descensos.
La economía se mueve en ciclos económicos, ascensos y descensos.


Por Santiago Albizzatti (*), especial para NOVA.

 

 

Durante su programa del último viernes, el periodista Víctor Hugo Morales contó una historia ocurrida en el mes de febrero del 2011, cuando una reconocida consultora de tinte oficialista realizó un relevamiento particular. No buscó computar un estimado para las elecciones que se celebrarían en octubre -ya lo había hecho, al igual que todas las demás consultoras políticas del país-, sino que realizó un sondeo entre más de cuarenta especialistas en microeconomía, macroeconomía, finanzas públicas y administración pública, con la premisa de predecir cuál sería el futuro económico de la Argentina para los próximos cuatro años.

 

Los resultados definitivos llegaron en septiembre de ese mismo año, en forma de 62 carpetas de variados tamaños plagadas de fórmulas, ecuaciones, gráficos y demás.

 

A finales del mes, los tres directores de la consultora se reunieron con altos funcionarios del gobierno nacional para confirmarles lo que ellos ya sospechaban.

 

Al país le quedaba poco tiempo de auge. Así como a Thomas Andrews, el ingeniero del Titanic, no le hizo falta más que ver los daños para pronosticar con total seguridad que el transatlántico se hundiría, la consultora aseguró que lo que se venía no era tan bueno como lo que había pasado. Ya no quedaban dudas.

 

Las políticas económicas que habían encarado los gobiernos nacionales, provinciales y municipales en términos generales desde el 2003 al 2011 habían sido exitosas en materia micro y macroeconómica. Néstor buscó darle una continuidad ideológica a los parámetros propuestos por Lavagna durante el gobierno de Eduardo Duhalde.

 

De este modo se prolongó con efectividad la devaluación de la moneda, la activa participación del Banco Central en el mercado de divisas y el esquema de exportaciones que impulsaba la productividad hasta llegar a tasas cercanas al 10 por ciento anual. Los corolarios fueron inestimables.

 

Se sacó al país de la peor cesación de pagos de su historia, disminuyeron notoriamente los índices de pobreza y desempleo, se canjeó una deuda soberana caduca por bonos indexados por la inflación y se lograron acumular cuantiosas reservas.

 

Pero una pregunta subyacía y de ahí la necesidad de contratar a una consultora. ¿Por qué, si se tomaron las decisiones correctas, el país comenzará a funcionar mal?

 

En un mundo altamente globalizado, las decisiones de exportación de arroz que se toman en Angola impactan -no tan indirectamente como uno piensa- en el mercado de importaciones tecnológicas mejicano, las restricciones al comercio de manufacturas en Japón se relacionan con las exportaciones de embutidos en Argentina, y así podríamos seguir eternamente.

 

La cuestión es que los países dependen tanto unos de otros, que no alcanza con tomar buenas decisiones en un país para que éste funcione bien. Uno se ve indefectiblemente afectado por la suerte de los otros.

 

La economía se mueve en ciclos económicos, ascensos y descensos de la actividad económica que se registran en absolutamente todos los países del mundo. Por mucho que les pese a los vecinos de Barrio Norte y a la empleada doméstica del palacete de Recoleta, en Europa también pasa.

 

Hasta el mismísimo principado de Mónaco tuvo que suspender las tareas de recuperación de tierras al mar al sur de Fontvieille por la crisis (en este asunto les recomiendo el discurso de año nuevo 2009 del príncipe Alberto II con relación al nuevo barrio Le Portier).

 

Todas las naciones experimentan un período de auge, seguido por períodos de crisis, depresión y, finalmente, recuperación, para volver a empezar con el ciclo. Tan importantes son los ciclos, que hasta no hace mucho tiempo la carrera de Economía de la Universidad de Buenos Aires tenía una materia llamada "Fluctuaciones Económicas", dedicada al estudio de éstos.

 

A pesar de su carácter de inevitables, las decisiones que se tomen en el ámbito doméstico son vitales para establecer los parámetros económicos e institucionales de los períodos de auge, que determinarán, a su vez, la calidad de vida de la población durante la crisis y la depresión.

 

En este sentido, como lo señalamos anteriormente, las decisiones tomadas en la Argentina fueron excepcionales. Incluso ante el manejo de índices tan volátiles como el PBI que, dicho sea de paso, es uno de los indicadores más manoseados por los medios en la actualidad.

 

El PBI moldea el comportamiento general de los ciclos económicos, pero no es, en sí mismo, un índice predecible o constante. Los recursos varían continuamente, dado que las empresas crecen, las poblaciones aumentan, se suman nuevas tierras cultivables y, como consecuencia, la economía produce más bienes y servicios.

 

Del mismo modo, el empleo efectivo de éstos no es total. Una dependencia estatal o las oficinas de una empresa privada son parte del stock de capital, pero se las utiliza sólo una parte del tiempo. Todo esto genera que el PBI marque una tendencia a seguir, pero no pueda ser tomado como un número "duro" sin actualizarse permanentemente, cosa que ningún medio se molesta en hacer.

 

Fue en la noche del mismo día de septiembre de 2011 que se reunió la cúpula del gobierno nacional. Cristina escuchó atentamente a sus colaboradores y a dos expertos en economía de la Universidad de Buenos Aires relatar y explicar detalladamente los resultados del sondeo. Uno de ellos le sugirió que no se presente a elecciones.

 

Que haga un "renunciamiento" como lo hiciera Evita en 1951. De este modo se retiraría con casi una década de gloria en sus espaldas y sería recordada por siempre como el símbolo de una época de bonanza. Incluso, quién sabe, no le sirva para volver al poder en el 2015, cuándo aquellos que ganen las elecciones se desgasten con la crisis. Era, sin lugar a dudas, el camino más sencillo. Cristina sonrió y palmeó a uno de sus colaboradores cariñosamente en la mejilla.

 

"Evita no renunció para huir de una crisis. Si lo hubiera hecho, el himno nacional argentino no sería más que una oda a los cobardes. Yo sigo."

 

 

Y no se dijo nada más

 

Aquellos que durante las campañas presidenciales no supieron articular una propuesta seria y fueron ignorados escandalosamente por el grueso de la población argentina, aquellos que se dedicaron a pelearse entre ellos para rellenar el espacio que el vacío de ideas generó en sus discursos, aquellos que se retiraron de la pelea presidencial para refugiarse en la seguridad de las elecciones municipales, todos ellos, los mismos que ahora observan la desaceleración económica con la misma inicua sed con la que el ave carroñera observa a la presa, los mismos que se congratulan entre ellos cuando al país no le va tan bien porque, en sus limitadas reflexiones, no importa que le vaya mal a la gente, lo importante es que le vaya mal a los kirchneristas.

 

Todos, cada vez que se lleven la mano al pecho para cantar el himno nacional, antes o después de rellenar el espacio con mentiras, estarán cantando, acaso, la Oda a los Cobardes.

 

 

 

(*) Licenciado en Ciencia Política y master en Políticas Públicas. Actualmente se desempeña como titular de la Asociación de Periodistas Digitales de la República Argentina. Es referente del Centro de Estudios Multidisciplinarios "5 de Noviembre", de Pampa Sur La Plata.



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