Por Sabino Mostaccio, especial para NOVA.
En el día de hoy, 17 de agosto de 2012, recordamos un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad del general don José de San Martín, y, por lo tanto, nuevamente nos toca honrar la memoria de un gran hombre que entregó todo lo que tenía por una causa más grande que él mismo, y puso su vida al servicio de la libertad de media Sudamérica.
Este ilustre patriota conoció en vida la admiración sincera de mucha gente sencilla y fue víctima de la envidia y los agravios de muchos otros. Respetado por sus enemigos en el campo de batalla y admirado por los hombres que tuvo a su mando, dispuestos a sacrificar lo más preciado por su general y la noble causa que este encarnaba.
José de San Martín continuó junto a sus hermanos la estela de su padre y de muy joven siguió la carrera militar al servicio de la patria de sus mayores, España, y le tributó grandes servicios defendiendo con ardor su integridad y su prestigio frente a los muchos enemigos que la amenazaban.
En 1812, habiéndose batido con éxito en varias ocasiones contra uno de los mejores ejércitos del mundo, la "Grandee Armee" de Napoleón, tomó una decisión crucial en su vida y que marcaría el destino de tres naciones: decidió abandonar su promisoria carrera militar en el ejercito real y, sintiendo el llamado de su tierra natal, en la que había vivido tan solo seis años en su niñez, decidió cruzar el enorme océano para iniciar un nueva vida al servicio de esa patria que, por entonces, y a los tumbos, iniciaba su vida independiente. Era el hombre perfecto para la hora más urgente en nuestra historia.
Así en el transcurso de una década, junto a sus más valientes subordinados, este hombre fue construyendo su leyenda, batiendo a los enemigos externos de su patria y asegurando la libertad de otros dos pueblos hermanos.
Entregó todo, su conocimiento de la ciencia militar y sus dotes de liderazgo por la libertad de las generaciones venideras, libertad que se abonó con la sangre de tantos otros compatriotas.
Precisamente, fue su inmensa humildad, su odio a la anarquía y a las mezquindades políticas que sembraron la muerte y la guerra civil en el continente que él y tantos habían contribuido a liberar del yugo colonial, lo que lo impulsó a abandonar su carrera en la cúspide de su gloria y a refugiarse en su familia, su hija y sus nietas, que alegraron sus últimos días.
Un 17 de agosto de 1850, este gran hombre abandonaba la vida terrenal para entrar definitivamente en la leyenda y volverse un ícono de una nacionalidad argentina que aún hoy luchamos por solidificar. Que la memoria de aquel hombre sirva como estela de humanidad y sacrificio para esta magna labor. ¡Gloria y honor al buen general San Martín!
(*) Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, representante de "Usinas Pampa Sur La Plata", Centro de Estudios Multidisciplinarios (CEM) "5 de Noviembre" - CEM.PampaSur@gmail.com <mailto:CEM.PampaSur@gmail.com>