Por Sabino Mostaccio (*), especial para NOVA.
Un día como hoy, pero de 1952, la señora Eva Duarte de Perón pasaba a la inmortalidad. Después de luchar contra la cruel enfermedad que finalmente le arrebató la vida, esta gran mujer dio paso al mito que hoy reclama con justicia su lugar en la historia.
Millones de argentinos la despidieron hace sesenta años con una enorme tristeza, pero agradeciendo todo lo que ella les había entregado, la esperanza de una vida mejor y el gozo de los derechos que su dignidad humana reclamaba.
Esta mujer luchó tanto por esa gente anónima que consumió hasta el último momento de su vida y sus últimos pensamientos a favor de aquellos que tanto la amaron y del hombre a cuya memoria quedaría para siempre ligada y al que tanto amaba, el general Juan Domingo Perón.
Eva Perón nació en la localidad bonaerense de Los Toldos en el año de 1919, en el seno de un hogar humilde, como el de tantos otros. Su madre trabajó duramente para sacar adelante a Eva y a sus hermanos, para que pudieran ser personas de bien.
Desde pequeña conoció Eva lo que era el esfuerzo y el sacrificio, y esa marca la acompañaría por el resto de su vida, pero también, aprendió a saborear las recompensas que esperaban a quienes trabajaban duro.
Dejó a su familia y viajó a la gran ciudad a los dieciséis años para cumplir su sueño de ser actriz, sin imaginar que años después el destino le tenía preparado un papel muy importante en una obra más grandiosa que cualquier otra y que continúa desarrollándose aun en nuestros días.
Después de unos años de duro trabajo, consiguió hacerse de un pequeño lugar en el mundo del espectáculo, y en 1944, en un festival a beneficio del pueblo de San Juan, golpeado por una terrible catástrofe como fue el gran terremoto, y haciendo gala de su natural espíritu solidario, conoció a un por entonces coronel que era funcionario del gobierno surgido de la “revolución de 1943”, cuyo nombre no significaba nada por entonces pero que años más tarde tanto significaría y que aun hoy dice tanto para millones de argentinos, me refiero a Juan Domingo Perón.
Comenzaron allí su historia de amor que trascenderá espacio y tiempo para convertirse en un símbolo de amor incondicional, de compañerismo y de lucha en pos del bien de otros. En 1945, año clave en nuestra historia, sellan su amor con su boda, celebrada en la ciudad de La Plata. El 17 de octubre, el entonces general Perón, después de muchas vicisitudes, y habiendo hecho tanto por gente hasta entonces desposeída, recogió pese a las dificultades los frutos de su siembra, en la lealtad incondicional de tantos argentinos.
Eva estará a su lado en todo momento, será pieza clave en el armado político de su marido y tendrá un papel protagónico en la obra que empieza a gestarse a partir de febrero de 1946, con su esposo en la presidencia. Realizará una magna obra que da frutos asombrosos en pocos años y que ha dejado huella en los corazones de millones.
Millones de argentinos hasta entonces olvidados por el poder y que a partir de entonces recibirán con orgullo los derechos que les correspondían y que tanto les habían negado, pasando también a ser actores en el espectacular drama de la historia de la Argentina. Mujeres, niños, ancianos, trabajadores, seres humanos que tras larga lucha veían concretarse sus sueños más profundos de la mano de Evita y su marido el presidente Perón. Contó con inestimables y valiosos colaboradores en esta labor social dignificante.
También despertó tantos odios como amores había cosechado en su gran trabajo, de gente que no entendía mucho las transformaciones que se obraban en Argentina. Esta mujer, que sabía bastante de sacrificios, tuvo tiempo para otro más, ya consumida por su enfermedad, al declinar el honor de acompañar al hombre que amaba en la fórmula presidencial para las elecciones de 1952.
Pero antes del último suspiro tuvo tiempo para recoger los frutos de su arduo trabajo en la arrolladora reelección presidencial de su marido, que vino a confirmar la fe que muchos argentinos tenían ahora en una nueva Argentina.
Dejó todo en el esfuerzo, murió rodeada del afecto de millones e indudablemente ocupa su lugar en la constelación de grande benefactores de nuestra patria. No la olvidemos. Salud compañera…
(*) Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, representante de “Usinas Pampa Sur La Plata”, Centro de Estudios Multidisciplinarios (CEM) “5 de Noviembre”.