Al término de una semana en la que los hechos de resonancia estrictamente política no abundaron en la escena local, un fenómeno que comúnmente se da en tiempos de campaña volvió a encender una luz de alerta en la capital bonaerense: la violencia política.
Como ocurrió en distintos tramos del año –aunque de forma aislada- en diferentes puntos de la ciudad, esta vez el clima de tensión política se materializó iniciada la semana con agresiones hacia la sede partidaria del PJ local, ubicada en 54 entre 7 y 8.
Como informó en formato de primicia este medio, el local partidario todavía manejado por el bruerismo fue víctima de un ataque anónimo durante la madrugada, cuando extraños apedrearon el frente rompiendo el ala de vidrio de la puerta de ingreso principal del inmueble.
Primero con cautela y después más abiertamente, desde el PJ responsabilizaron a “sectores del garrismo” –vinculados al oficialismo municipal comandado por el intendente Julio Garro- por el episodio, poniendo especial énfasis en que se trató de una agresión no vinculada con una intención de robo.
"Este ataque se enmarca en otros similares sufridos por nuestra sede partidaria constituyéndose en una ola de violencia política inusitada solamente vista en los años más oscuros de nuestra historia como nación”, expresó el PJ local en un comunicado oficial.
En los pasillos del Palacio Municipal, la especie corrió como reguero de pólvora pero nadie recogió el guante. “Lo nuestro es poner las energías en gestionar y legislar para solucionar los problemas de los vecinos”, sentenció un colaborador del bloque Cambiemos en el Concejo, resumiendo la postura también asumida en el Ejecutivo.
El primer capítulo del año en torno a la violencia se dio cuando una manifestación en la que ex empleados municipales y punteros de la anterior gestión protestaron frente al Palacio Municipal por los despidos masivos. Hubo provocaciones de algunos manifestantes identificados con el bruerismo y una indiscriminada represión que luego fue repudiada por el alcalde platense.
En los distintos barrios periféricos, algunos hechos que no trascienden públicamente dan cuenta de la tensión que todavía existe en las delegaciones municipales entre referentes territoriales –que han jugado primero para el alakismo y luego para el bruerismo- y los militantes de Cambiemos –fundamentalmente del Pro-, que intentan posicionarse para hacer “trabajo barrial” en zonas tradicionalmente dominadas por el peronismo.
El “chispazo” que generó la agresión al local partidario fue leído por algunos observadores en clave de hipotética “demostración de fuerza” del actual oficialismo contra el poder que se fue de los despachos oficiales, pero todavía persiste en barrios y locales partidarios, donde el peronismo resiste mirando de reojo el 2017.
En el Concejo
En el plano legislativo, el Concejo sesionó por sexta vez en el año en un plenario en el que los ediles bajaron los decibeles. Fue una sesión sin grandes chicanas ni debates por temas trascendentes, en la que se aprobó, entre otras cosas, la creación del proyecto del titular del cuerpo, Fernando Ponce, que instituye el Parlamento Juvenil.
Lo más relevante en el orden parlamentario se dio en torno a las negociaciones y avances por el proyecto de ordenanza que intenta regular las protestas y movilizaciones en la vía pública.
Como se vino reflejando en este espacio, el Protocolo de Seguridad, que sería abordado la próxima semana en el recinto de calle 11 no saldrá tal como lo redactó el oficialismo, que tuvo que negociar obligadamente con las bancadas opositoras y ceder en temas tales como las restricciones para el trabajo de la prensa.
En ese aspecto, el titular de la comisión de Seguridad y Derechos Humanos, el massista Javier García, se mostró optimista y ofició de portavoz de la reunión en la que también estuvieron referentes gremiales de la prensa regional y los ediles Florencia Saintout, Juan José Cardozo, José Arteaga, Gerardo Jazmín, Gabriel Bruera y Ponce, autor de la iniciativa.