Opinión
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Un papelón del Pentágono que salpica de lleno a Washington

Alfredo Antonuccio.
Alfredo Antonuccio.


Por Alfredo Antonuccio (*), especial para NOVA.

 

 

Si hacemos la narrativa o crónica periodística tal como fue publicado en diarios y revistas, aportamos a agrandar la difusión del evento acaecido, que no deja de estar bien que lo hagamos. Pero si de ello obtenemos y revisamos bien lo acontecido en profundidad, no podemos deslindarnos de un análisis que arroja un hecho más y de suma gravedad con que los Estados Unidos acostumbran a manejarse con impunidad en el escenario geopolítico mundial.

 

Las crónicas nos indican que los Estados Unidos intentaron ingresar ilegalmente a nuestro país, por Ezeiza, un cargamento de armas de guerra, sofisticados equipos de comunicación, drogas narcóticas y estupefacientes; al que llamaron “sensitivos”. Todo esto, en el marco de un desembarco de elementos, incluyendo instructores, programado para cursos de instrucción a la GEOF (de la Policía Federal) tras un acuerdo firmado con antelación por nuestro país y Estados Unidos.

 

Es así como se intentó pasar de manera ilegal en dicho combo nada menos que unos mil pies cúbicos, que para que tengan una idea es el equivalente más o menos a una habitación de una casa; y correspondiendo a un tercio del total de la carga.

 

Lo notable para el análisis es que no era un envío del FBI en un avión privado a los efectos. Era un gigantesco C17-Globmaster III de la USAF, de donde todos los elementos traían el sello de la 7ª Brigada de Paracaidistas del Ejército que tiene sede en North Carolina. Hagan memoria de este sitio de instrucción a los ejércitos de las dictaduras. No fueron a recibirlos cualquiera de la Embajada de los Estados Unidos, fueron los agregados militares y de Defensa, los coroneles Edwin Passmore y Mark Alcott.

 

Evidentemente estamos ante una maniobra del Pentágono concretamente; y digo esto con la certeza de que así es. Procediendo a través del Comando Sur, la injerencia encubierta en los móviles que pueden ser de desestabilización y golpistas, tal como ocurrió en Honduras y más recientemente en el intento de la República del Ecuador. En este último la Embajada de Estados Unidos negó tener nexos con los golpistas, pero hay acusaciones concretas hacia el Comando Sur para América Latina por donde se financió la sublevación, de donde cuentan con más de un millar de personas para operar sistemáticamente sobre nuestra región.

 

Soy de los que piensan que hay que seguir de cerca el discurso de justificación de Estados Unidos y las variantes con que lo van modificando a medida que pasan las horas. Pescarlos in fraganti ante la teoría del “hecho consumado” los dejó desmarcados. No olvidemos que la primera expresión de la embajadora ante el hecho fue “esto es una vergüenza”, en el proceso de devolución de la carga a North Carolina. Prueba suficiente de las contradicciones internas que se tiene con el Pentágono. Pero esto pasa a ser un problema de ellos.

 

Tampoco las palabras del impresentable gusano-chileno devenido en funcionario de tercera de los Estados Unidos, Arturo Valenzuela, por la CNN, no resuelven nada, es más, agrava el conflicto. Por suerte el canciller Héctor Timerman  puso los puntos sobre las “ies” dando sobradas razones del accionar del gobierno argentino en el mismo programa televisivo. Vemos cómo sigue la película de este hecho que considero más que grave.

 

 

(*) Diputado bonaerense del FpV-PJ.



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