Se terminó el sueño de que La Plata pueda contar con grandes cadenas hoteleras, como cualquier otra capital del país. La decisión del juez Federico Arias de frenar los permisos de obras y construcciones de edificios de más de tres pisos en la ciudad de las diagonales tiene un trasfondo que busca ocultar la falta de inversiones del sector inmobiliario, pese a los anuncios que se hicieron con bombos y platillos.
La disposición judicial fue dictada por el juez Arias, titular del juzgado en lo Contencioso Administrativo Nº1, ante la solicitud de la organización “SOS La Plata”, que denunció el presunto “perjuicio irreparable que genera a la comunidad la proliferación de grandes edificaciones”.
Para esa ONG, el “boom inmobiliario” viene desarrollándose en un marco de “falta de certeza y claridad en la aplicación de las normas” por parte del municipio en materia de construcciones, lo que “genera una amplia discrecionalidad en la toma de decisiones”.
El magistrado hizo lugar al planteo de “SOS La Plata” porque, sostuvo, las autoridades municipales no presentaron documentación suficiente como para “controvertir adecuadamente” esas hipótesis en su solicitud de una medida que frene varias construcciones en marcha y no permita eventuales edificios de más de tres pisos.
Hasta ahí, la “historia oficial”. Pero la verdadera motivación en la decisión del juez Arias de darle luz verde a esa medida cautelar respondería a otras razones. Según pudo saber NOVA, en los mentideros judiciales de la capital bonaerense se comenta que habría un “acuerdo” entre las empresas y el magistrado para justificar la parálisis en las obras. La realidad es que no hay capital para seguir construyendo.
Lista
La medida del juez alcanzó diez proyectos inmobiliarios del casco urbano platense ubicados en diagonal 73 entre 8 y 9 (ocho pisos); diagonal 73 entre 8 y 9 (más de diez niveles); 63 entre 1 y 2 (ocho pisos), y 14 y 44 (dos torres de 14 pisos, destinadas a hotelería).
También ordenó el juez suspender la construcción de los edificios de 6 entre 44 y diagonal 74 (doce niveles, destinado a hotelería); 51 entre 4 y 5 (ocho a doce pisos); 51 entre 3 y 4 (doce pisos); 4 entre diagonal 77 y 46 (ocho a doce niveles); 56 entre 1 y 2 (trece pisos, destinado a hotelería); y 38 entre 6 y 7.
La lista incluye los tres hoteles cinco estrellas que iban a engalanar a La Plata, uno de ellos a cargo de la prestigiosa cadena Sheraton. Pero el panorama de esos tres proyectos es desalentador: sin fondos, están vendiendo solamente algunas habitaciones.
Por eso la medida cautelar aceptada por Arias le vino al dedillo a los empresarios, hoy en falta por los compromisos asumidos. “Nos conviene”, se los escuchó decir, mientras las obras siguen paradas. Demasiadas coincidencias.
Es más, el emprendimiento hotelero ubicado en la zona de los buildings -dos torres emplazadas en 14 y 44- será readaptado finalmente a un apart hotel. De persistir en la desidia y la falta de inversiones, el sueño de las grandes cadenas hoteleras en la capital bonaerense llegará a su fin.
Perfiles
La Plata no es como la ciudad de Buenos Aires, donde personalidades ilustres pueden darse el gusto de vivir en hoteles: Horacio Ferrer, “Cacho” Fontana y Carlos Salvador Bilardo son sólo algunos de ellos. No es el perfil de la ciudad, por lo que no resulta rentable el negocio de vender por habitaciones, que es el último “manotazo de ahogado” del sector empresario.
El malestar responde a que las empresas del sector no se hacen cargo de los compromisos asumidos. Y no sólo en la región, sino en cualquier parte del mundo. Por eso persiste la sospecha de que las grandes cadenas hoteleras hacen las veces de reservorios para el lavado de dinero, un delito extendido en el mundo. Nunca se sabe a ciencia cierta quiénes son sus dueños, sumado a que, al mínimo de cambio, abandonan los planes. Como quieren hacer en La Plata.