Por Sabino Mostaccio (*), especial para NOVA.
El 9 de julio, Día de la Independencia, tenemos nuevamente la ocasión de reflexionar de forma sincera acerca de lo que es ser "un país libre". Comencemos preguntándonos qué es en verdad la libertad: ¿Es acaso hacer lo que queremos, sin importarnos nada a cambio?, ¿vivir libres de ataduras y convenciones innecesarias, ser nosotros mismos, satisfacer todos nuestros deseos a costa de pisotear a otro ser humano y sus derechos?...
En fin, y ésta es una opinión personal, el "libertinaje" es el reflejo de la peor de las tiranías, salvo que aquí la persona es esclava de sus más bajos instintos, que son tan brutales como los peores dictadores sí se salen de control. La verdadera libertad, y esta es otra respuesta mía, debe estar acompañada por la responsabilidad y por el uso constante de la conciencia, tanto la propia como la colectiva.
Decía Víctor Frankl, en referencia a la estatua de la libertad en Estados Unidos, que "debía estar equilibrada por una estatua a la responsabilidad en la otra costa". Y ser responsables implica, entre otras cosas, tratar a nuestros compatriotas como seres humanos libres e iguales en dignidad, aún por encima de nuestros deseos más egoístas, lo que también quiere decir que uno debe respetarse y hacerse valer cuando sea necesario. Y esta regla vale igual para las naciones.
Tengamos en cuenta que la libertad cuando tiene el sentido correcto es algo maravilloso para una persona y ni hablar para naciones enteras. Muchos han entregado sus vidas para ser libres o liberar a otros y también horrendos crímenes se han cometido y se cometen supuestamente en nombre de la libertad y la igualdad.
Volviendo a nuestra amada Argentina, tenemos en este 9 de julio, al cumplirse 197 años de esta gesta que aún continúa, la obligación de construir una patria soberana, justa y libre. Esta gesta que comenzó a escribirse en mayo de 1810 y reconoce en 1816 un punto culminante, no se terminó en Tucumán el 9 de julio de 1816.
Como ya lo expresé, continúa en estos días a manos de nosotros, los argentinos de hoy, que somos herederos de aquellas generaciones de hombres y mujeres que, luces y sombras mediante, dejaron sus vidas y sus fortunas en la magna obra de construir una nacionalidad y una tierra de promisión en donde, tal como manda el preámbulo de nuestra constitución, "queden asegurados los beneficios de la libertad para nosotros, nuestra posteridad y todos los buenos hombres y mujeres que quieran habitar el suelo argentino".
Hoy, volvemos a mirar atrás y rendimos tributo a todos aquellos que han luchado por nuestra libertad y a los que aún luchan para que nosotros y las generaciones venideras de argentinos puedan respirar el aire limpio de esta tierra que tiene casi todo lo necesario para un destino de grandeza que muchos nos han augurado.
Pero para eso debemos mirarnos a los ojos todos los argentinos, por encima de los odios pasados y las malas ambiciones actuales, aferrarnos a nuestras raíces para tender una mano llena al mundo que en esta hora difícil viene necesitando el aporte de las mejores mentes y corazones para conducir a la humanidad a un futuro glorioso y esperanzador, y cuando llegue el momento, los argentinos estaremos ahí.
Celebremos hoy, hermanos, nuestra libertad, recuperemos la dignidad humana que parece que día a día vamos perdiendo como sociedad antes de que sea tarde. Entre todos podremos hacerlo bien, es hora de despertar.
(*) Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales. El presente artículo fue redactado desde el Centro de Estudios Multidisciplinarios (CEM) "5 de Noviembre" (www.SAUTELMEGUSTA.com.ar).