Por Sabino Mostaccio (*), especial para NOVA.
Aprovecharé este espacio para analizar las repercusiones de la visita de la Presidenta y un grupo de empresarios argentinos a Angola. El proceso de recuperación iniciado en 2003 tiene dos fases: una de recuperación hacia adentro, basada en la reconstrucción del entramado social y productivo del país; y otra hacia afuera, buscando reinstalar nuevamente a la Argentina como un actor relevante a nivel mundial.
En este contexto, se enmarcan muchas medidas altamente positivas, tales como la reivindicación de la soberanía argentina en el Atlántico Sur y el papel de la Argentina en la consolidación de la unidad de las naciones de América del Sur, mediante la creación de la UNASUR.
Por eso, es entendible que nuestro país busque también nuevos socios comerciales, no solo en el Asia Pacífico, la región más pujante del orbe actualmente -y que a estas alturas es casi un cliché en las relaciones exteriores-, sino también buscando nuevos espacios en regiones tales como África Occidental y Oriente Medio.
A la exitosa gira presidencial del año anterior en el golfo Pérsico siguió este año la gira comercial a Angola. Como lo exprese en el párrafo anterior, tal visita tuvo como objetivo no solo estrechar los lazos, bastante débiles aun -se debe reconocer que Brasil nos ha sacado ventaja en este tema- entre Argentina y los pueblos africanos, sino también abrir nuevos mercados capaces de absorber los productos y los capitales argentinos, y además, que estos mismos mercados tengan la capacidad de abastecer a nuestra economía con las materias primas necesarias para que nuestra economía siga creciendo, en especial las tan necesarias fuentes energéticas como el gas y el petróleo.
Y precisamente siendo Angola un país tan rico en gas, petróleo y otros recursos minerales, podemos señalar como un gran acierto la misión comercial. Es de esperar que estos acuerdos se traduzcan en hechos concretos, por el bien de nuestra economía y de nuestro país.
Para cerrar, volviendo sobre uno de los puntos anteriormente tratados, acerca de la necesidad de abrir nuevos mercados y lograr una inserción internacional exitosa, conviene profundizar el contacto con las naciones de África y Medio Oriente (también podría agregar las áreas de Europa del Este que están fuera de la Unión Europea), ya que serían estupendos mercados para nuestros productos.
Y finalizando, este autor se permite sugerir, sin ánimos de impertinencia alguna y confiando en la buena voluntad de nuestros gobernantes, profundizar los lazos con el Asia Pacífico a través de una nación en particular, que debido a la gran afinidad que presenta con respecto a nosotros a nivel idiomático, religioso, social, política y culturalmente hablando sería un excelente socio y una gran plataforma para nuestra presencia en el área, me refiero a la República de Filipinas, una nación sufrida pero pujante, que cuenta con una población de más de 90 millones de habitantes. Pensémoslo, Argentina tiene una importante misión que desempeñar en el mundo, hay muchas oportunidades al alcance de la mano.
(*) Desde el Centro de Estudios Multidisciplinarios “5 de Noviembre”, de Pampa Sur La Plata.