Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.
Martín Vestiga pasó por Diagonal 690 (entre 121 y 122) en La Plata con la intención de hacer la nota de siempre y terminó siendo testigo de una escena que podría haber salido de una tirita política: una traffic plantada en medio del barrio, sin ruedas y custodiada por un cartel que decía “Prohibido pasar”. Lo firmaron los usurpadores; lo confirmó el sentido común del vecindario.
La postal: una traffic sin ruedas, como si alguien hubiera decidido convertir un vehículo en maceta estática. Alrededor, rollos de alambre nuevaso parecían abrazar lo que, según los papeles y los más puntillosos, pertenece al Club 19 de Febrero.
“No estamos en una película, estamos en la política”, comentó un vecino anónimo para Martín Vestiga, mientras señalaba el cartel que tiene más autoridad simbólica que muchos decretos municipales.
Los protagonistas (los usurpadores, para el registro civil del asombro) no respondieron a los llamados oficiales porque, según contó a Martín Vestiga un testigo que prefirió no dar su nombre para evitar futuras invitaciones a tertulias políticas, “están ocupando y haciendo obra de arte con una camioneta”.
La traffic, desposeída de ruedas, parece cumplir una función doble: obstruir el paso y fungir de monumento improvisado a la intendencia que nadie pidió.
En el Club 19 de Febrero la sorpresa fue tan grande como la bronca. Referentes de la institución, que prefieren las canchas antes que los circos, dijeron a Martín Vestiga que el alambre rodea terrenos que históricamente pertenecieron al club y que la presencia de la traffic (y su cartel) solo complica la convivencia local.
“Habrá que debatir si el próximo presidente del club será elegido por voto o por cartel”, ironizó otro vecino para la grabadora de Martín Vestiga.
La escena tiene ingredientes que despiertan la imaginación política: usurpación con estética de intervención urbana, señalética contundente y una traffic que perdió las ruedas pero ganó titulares.
Algunos vecinos doblan la apuesta y ya hablan de mesas de diálogo que incluirían (por orden alfabético de surrealismo) al Club 19 de Febrero, a los usurpadores, a la traffic y a la municipalidad. “Que venga alguien con más ganas que burocracia”, dijo una vecina a Martín Vestiga, mientras retiraba del cordón una rama que había servido de improvisado atril para el cartel.
En la esquina, un almacenero comentó con humor político (esa mezcla peligrosa entre resignación y carcajada) que la traffic podría inscribirse como candidato simbólico en las próximas elecciones municipales: “No tiene ruedas pero tiene un cartel; más firme que algunos ministros”, dijo y puso en venta una nueva tanda de alfajores “edición limitada: Prohibido pasar”.
Mientras tanto, Martín Vestiga se retiró del lugar con las anotaciones de siempre: la dirección exacta (Diagonal 690 entre 121 y 122), la descripción del vehículo sin ruedas y la frase del cartel.
También se llevó algo que no cabe en una libreta: la sensación de que, en tiempos donde la política se parece cada vez más al reciclaje de lo impensado, hasta una traffic puede convertirse en símbolo de protesta, de falta de diálogo o (más democrático aún) en excusa para contar chistes de barrio.
La Municipalidad, si decide aparecer en escena, tendrá que lidiar con dos asuntos simultáneos: recuperar el terreno del Club 19 de Febrero y explicarle a la traffic por qué las ruedas son parte esencial del contrato social.
Por ahora, la traffic sigue allí, orgullosa y estacionada, y el cartel lo dice todo: “Prohibido pasar”. Y tampoco parece que alguien vaya a contradecir a un cartel que, en plenos tiempos políticos, juega su propia campaña de silencio.
Llegamos los Pibes Chorros
Queremos las manos de todos arriba
Porque al primero que se haga el ortiva
Por pancho y careta le vamos a dar