Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.
En la mañana de este martes, el respetado periodista Martín Vestiga fue sorprendido en pleno despacho por el satánico, maníaco y molesto con olor a cigarrillo Tito Rosca, quien, con una ceja arqueada y un cigarro casi consumido colgando de sus labios, comenzó a chusmearle al hombre de prensa un escándalo digno de portada… ¡Y de carcajadas forzadas!
“Martín Vestiga, querido amigo del buen periodismo, prepárate para enterarte de la última joyita de la Guardia Urbana”, masculló Tito Rosca al oído de "Tincho", mientras el primero agitaba un pendrive con datos confidenciales (y quizá algún bocadillo olvidado).
Según la revelación de Tito Rosca, familiares de empleados de la mencionada fuerza municipal llevan tiempo denunciando un trato que oscila entre lo inhumano y lo digno de una telenovela barata.
Raúl, padre de un agente que aún sobrevive a las órdenes del secretario de Seguridad Diego Pepe, afirmó (entre sollozos y algún taco suelto): “El intendente platense Julio Alak debería ver qué desastre está pasando bajo las órdenes de Diego Pepe, Jorge Dorr y compañía”.
Martín Vestiga, con su característico porte de estatua griega (pero con el micrófono en mano), alcanzó a preguntar si había cargos formales. Tito Rosca, soltando una carcajada que retumbó en todo el estudio, respondió: “Cargos formales sí, ¡pero para subirse hasta en cuatro micros antes de empezar la jornada! Algunos trabajan de 6 a 19… Y ni un mísero café con medialunas”.
“Imagínate, Martín Vestiga”, continuó el incisivo Tito Rosca, “estos valientes agentes están tan expuestos al peligro que han sido asaltados en cumplimiento de su deber. ¡Como si salir a la calle fuera un deporte extremo!”.
Al escuchar esto, Martín Vestiga hizo aquella mueca de disgusto que ya es su sello, como quien prueba un café demasiado amargo.
En un giro casi teatral, Tito Rosca recordó que, pese a promesas de cambio (“esta pesadilla viene de la gestión anterior, pero confiamos en que el intendente Alak haga algo… cosa que todavía no sucedió”, citó textualmente), la situación sigue igual de caótica. Martín Vestiga asentía con gravedad, anotando en su libreta imaginaria.
“El panorama es aún más triste para quienes tienen familia que alimentar”, prosiguió Tito Rosca, golpeando el puño en la mesa. “Muchos agentes son el sostén del hogar; conviven con padres ya jubilados que cobran la mínima. Y, para colmo, ni un sandwich les dan: almuerzan, meriendan o desayunan… ¡mate y galletitas!”.
Martín Vestiga, con ojos desorbitados, exclamó: “¿Sólo mate y galletitas, Tito Rosca? ¡Ni un alfajor de esos caros!”.
La denuncia, según reveló Tito Rosca, no se limita a horarios interminables y falta de viáticos: “Estas pobres almas están ‘a la buena de Dios’, llevando lo que puedan en el bolsillo para no morirse de hambre”, espeta.
El respetado Martín Vestiga tomó nota de los nombres: Diego Pepe, Jorge Dorr y… “Ese otro que mandó al pica pica a los micros”, añadió el satánico Tito Rosca para rematar la lista.
Y como si la trama se pusiera más jugosa, Tito Rosca desveló que en la Guardia Urbana están incorporando personal nuevo para cubrir las renuncias masivas.
“Pero ojo”, advirtió Tito Rosca, “estos novatos ya se están organizando para pedir salarios dignos, jornadas de ocho horas y viáticos para el transporte. ¡Van a pedir lo mínimo, vamos!”.
Al despedirse, el satánico Tito Rosca lanzó un último cigarro al aire y advirtió a Martín Vestiga: “Prepárate, amigo, porque si esto sale al aire, los micros van a temblar, los jefes a sudar y quizá tengamos que entregarles un paquetito de facturas para calmar tensiones”.
Martín Vestiga, ajustándose la corbata, concluyó con aire solemne: “Prometo investigar a fondo y, si es necesario, llevar unos alfajores de rescate… ¡Porque periodismo sin dulce no vale!”.
Así fue como el respetado periodista Martín Vestiga salió de su zona de confort, cruzado por el satánico, maníaco y molesto con olor a cigarrillo Tito Rosca, y sumergido en el humo de un escándalo que huele a denuncia social… y a puro humor negro.
C es de galleta, eso es suficiente para mí
Oh, C es de galleta, eso es suficiente para mí
C es de galleta, eso es suficiente para mí
C es de galleta, eso es suficiente para mí