Opinión
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Malvinas, ni un paso atrás

Repaso histórico de la ocupación colonial de las Islas Malvinas.
Repaso histórico de la ocupación colonial de las Islas Malvinas.


A poco de cumplirse un aniversario más del conflicto bélico en las Islas Malvinas, conflicto al que el pueblo argentino fue arrastrado por un gobierno ilegitimo y genocida que intentó con ello perpetuarse en el poder, es bien interesante hacer un breve repaso de su historia.

 

El primer  reclamo sobre la soberanía del archipiélago llega oficialmente al Reino Unido de la mano de Manuel Moreno (hermano de Mariano) en junio de 1833, sólo seis meses después de la invasión a las islas por fuerzas británicas.

 

Sin embargo, el hito más sobresaliente, en el campo político - diplomático, de estos 179 años de reclamo se daría muchos años después. Es la aprobación por amplia mayoría de la Resolución 2065 de la ONU, en la que se encuadra la cuestión Malvinas dentro de los casos de colonialismo e invita a ambos gobiernos que establezcan un ámbito de negociación para dirimir la soberanía.

 

Está resolución se emite en medio de un amplío proceso de descolonización en todo el mundo, especialmente en África y Asía, y comparte la percepción generalizada de gran parte de las naciones que estiman que las relaciones coloniales constituyen una abierta violación a los derechos humanos e impiden el normal desarrollo económico, social y cultural de los pueblos.

 

Ocho años después de aprobada la Resolución y abierta la instancia de diálogo, la Asamblea de las Naciones Unidas declara la necesidad de acelerar las negociaciones para alcanzar una solución pacifica. La relación bilateral, por su lado, no había avanzado demasiado por la obstinación británica a no discutir la soberanía.

 

Este ciclo abierto en 1965 tiene un simbólico fin cuando la misma Asamblea reconoce "los continuos esfuerzos realizados por el Gobierno de la Argentina, conforme a las decisiones pertinentes de la Asamblea General, para facilitar el proceso de descolonización y promover el bienestar de la población de las Islas" e insta a las dos partes a que se abstuvieran "de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas están atravesando por el proceso recomendado en las resoluciones de esta Asamblea".

 

La Argentina, sin abandonar las relaciones bilaterales, durante todo el período que va desde 1965 hasta 1975 había dejado de considerar a las Naciones Unidas como único ámbito diplomático, extendiendo su reclamo a otros ámbitos multilaterales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Movimiento de Países No Alineados (NOAL)

 

En 1977 las condiciones de negociación diplomática se modifican como consecuencia del sangriento golpe de estado que la Argentina sufre. De hecho, desde esa fecha y hasta 1982 la ONU no emitirá ninguna Resolución o Declaración sobre el tema.

 

El golpe de Estado y el inicio de la Guerra de Malvinas en 1982 quedan como una huella profunda en la posibilidad de negociación. Hasta ese momento la posición de nuestro país había sido refrendada no sólo por la ONU, sino también por el resto de las organizaciones multilaterales.

 

Llegado 1982 y con un escenario interno debilitado la Junta Militar consideró que la cuestión Malvinas podía ser un elemento para reproducir su autoridad política. La vía diplomática no le ofrecía a la Dictadura la celeridad que ésta precisaba, por lo cual avanza en otro tipo de hipótesis.

 

La Junta aprueba el proyecto del Almirante Jorge Isaac Anaya que establece la posibilidad de recuperar las Islas Malvinas mediante una acción militar sorpresiva que neutralizará las fuerzas inglesas en el archipiélago para posteriormente negociar el traspaso de la soberanía.

 

Basados en ese plan y fundamentado en la hipótesis de que el Reino Unido no reaccionaría militarmente y que Estados Unidos se mantendría neutral, se decide la invasión a las Islas Malvinas la noche del 1º al 2 de abril. Ambas hipótesis fueron incorrectas y la Argentina, su pueblo todo, fue víctima de una guerra que no deseaba.

 

La década del '80 significó el regreso de la democracia y la vuelta al ámbito diplomático, en el que se debía ahora reconstruir la relación bilateral. Pero el escenario interno de nuestro país que incluía el Juicio a las Juntas, los alzamientos militares y las recurrentes crisis económicas no hicieron posible mayores avances.

 

Ya durante la década de los '90 y de la mano de "las relaciones carnales" con los EE. UU. comienza una política de seducción hacía los habitantes de las Malvinas (denominada así por el Canciller argentino Guido Di Tella y que incluyo el envío de ositos de peluche a las Islas) Los avances en torno a la posibilidad concreta de recuperación de las Islas fueron escasas y si bien los reclamos continuaron no lo hicieron con el énfasis que hasta dos décadas atrás tenían.

 

La recuperación de las Malvinas no era un tema que el gobierno nacional de Carlos Menem tuviera como prioridad, ya que la mención del tema implicaba generar un escenario de confrontación tanto con Gran Bretaña como con los Estados Unidos.

 

Las condiciones empezaron a cambiar, en la Argentina, en la región y en el mundo, con la llegada del nuevo siglo.

 

La topografía política mundial ha virado significativamente. La relación entre Europa y Estados no es la misma, producto del temperamento endogámico del Viejo Continente y las guerras preventivas impulsadas por el gendarme global. A su vez el poder a escala planetaria se ha redistribuido a partir del vigoroso ascenso de los BIRC (Brasil, India, Rusia y China).

 

Este escenario de corte mundial no hizo más que reforzar el proceso de integración que Suramérica transita desde comienzo del nuevo siglo  producto de una ola de "renovación" ideológica y política que fomenta la autoconfianza y que permite pensar que el crecimiento y el desarrollo de la región es posible. Sumado a esto, el antiimperialismo de otrora ha recobrado nuevos bríos.

 

Todo esto junto a la llegada al gobierno de Néstor Kirchner, quien colocó desde el primer día la cuestión Malvinas como tema prioritario, permitieron que en los últimos años la Argentina fortalezca su reclamo. Tanto en la política interna donde el debate se ha impuesto en todos los medios y espacios como en el campo internacional en el cual la Argentina no ha dejado pasar oportunidad de manifestar su derecho a la soberanía sobre las Islas Malvinas, siempre con el apoyo irrenunciable de los países hermanos de la región.

 

Desde 2003 los diferentes espacios multilaterales han emitido resoluciones en apoyo al reclamo de soberanía Argentina sobre Malvinas. El Mercosur, la UNASUR, el ALBA, el CELAC y hasta el Grupo de los 77 más China, se encuentran en la extensa lista. No solo del ámbito regional se sumaron apoyos a nuestro país, también los obtiene de otros jugadores globales como China y Rusia.

 

Hoy a 30 años del inicio de la guerra y a casi 9 años del comienzo del gobierno de Néstor Kirchner podemos decir orgullosos que desde ese 25 de mayo de 2003 las Malvinas fueron prioridad para quienes militamos en el proyecto nacional y popular que hoy encabeza Cristina Fernández de Kirchner.

 

Orgullosos, también, del posicionamiento que han tomado nuestros hermanos de América Latina y el Caribe, sobreponiéndose a las presiones recibidas por ello. Decisiones como la de no abastecer embarcaciones con bandera de las "Islas Falkland" refrendada por resolución de la UNASUR o la decisión, hace unos pocos días, de Perú, de no facilitar su puerto para el mantenimiento de un buque con esa bandera, son dignas de mención y muestra acabada de que el compromiso regional es sincero.

 

Todos estos sucesos se han concretado no sin debates y dificultades. Cada uno de los gobiernos latinoamericanos que deciden apoyar a nuestro país deben simultáneamente dar una pelea política interna en su país contra mentes colonizadas que continúan definiendo los intereses de las potencias, aún a costa de la propia Patria.

 

El recuerdo de las Islas Malvinas no debe limitarse a las actividades del Aniversario del inicio del conflicto bélico. Deben continuar hasta que finalmente recuperemos las Malvinas. A diferencia del pasado, esta vez no estamos solos. Nos acompañan los países de la región quienes comprometidos con una causa que consideran justa han transformado el reclamo nacional por la soberanía de las Islas Malvinas en un reclamo regional.

 

Tal vez Rafael Corres sea quien mejor haya expresado esta idea, cuando hace unos días escribió: "Las Malvinas es la causa de toda nuestra América. Ni un paso atrás, Argentina querida".



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