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La memoria latente

Malvinas: Los muertos por la Patria pertenecen a todos los argentinos

Islas Malvinas Argentinas, un lugar lleno de recuerdos heroicos. (Imagen Ilustrativa)
Islas Malvinas Argentinas, un lugar lleno de recuerdos heroicos. (Imagen Ilustrativa)


Por Kristina Eva Espinosa, especial para NOVA

Eran las 6.30 de la mañana del 2 de abril de 1982, pintaba ser una, mañana soleada hermosa ¡Un día peronista diría mi madre! Y una noticia que me estremeció hasta el último rincón de mi cuerpo ‘¡habíamos recuperado las Islas Malvinas!’  En la escuela solo había podido aproximarme a esa triste historia de aquellas hermanitas perdidas, y en las circunstancias en que nos fueron arrebatadas.

Saber que fue durante la Confederación Argentina ya era un ingrediente que condimentaba más mi bronca y mi odio a esos piratas. Mi amor por la tierra, mi tozudo nacionalismo se había aproximado con las enseñanzas de mi padre sobre los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, y por supuesto mi impronta genética del peronismo transmitido por mi madre hicieron un combo que en un futuro me iban a transformar en una ferviente defensora de la soberanía nacional.

Tan es así, que con solo diez años, prepare una clase especial de otro tema tan tristemente célebre conocido con el Conflicto del Beagle, corría 1978, y me puse a investigar, a leer, a escribir como si fuera una historiadora, creo que a partir de ese momento tome una conciencia histórica y nacionalista que forjaron mi identidad por ver coronada la ambición de cualquier peronista: la soberanía política, la independencia económica y la justicia social, como tamiz de las dos anteriores, como aditivo que potencia la política y la economía, que todos los trabajadores sean un poquito más felices, diría Perón en aquel discurso histórico del 17 de octubre de 1945.

Pero esa mañana me agarró una alegría tan inmensa, como decía el genial Discépolo, me agarró la “Rabia Camorrera de las Malvinas”, si fui bombardeada por las noticias, por la manifestación en Plaza de Mayo, el “Si quieren venir que vengan les presentaremos batalla”, del dictador Galtieri, no lo voy  a negar me estremeció hasta lo más infinito de mi ser nacional, estos episodios no me dejaron siquiera a tan corta edad, y digo así porque a esa altura de mi efímera existencia, me devoraba el diario “El Día” que mi viejo compraba todos las mañanas y no precisamente la sección de deportes como oso decir el actual Presidente Mauricio Macri, que era la única que leía!; tampoco pude digerir la muerte de Giachino en manos de las pocas tropas inglesas que había en la isla, ni de la cagada a palos que se ligaron los trabajadores el día anterior en una movilización de la CGT liderada por Saúl Ubaldini, que tan magistralmente Charly García inmortalizó en el tema “No Bombardeen Buenos Aires”; si con tan solo 14 años, esa sensación de ser argentina de haber  estudiado a los ejércitos sanmartinianoy belgraniano la esperanza de recuperar las Malvinas me motivaron a querer también ir a pelear por nuestra tierra, como lo hicieron tantos otros chicos ya de 18 años que pudieron ir y que para mí son tan héroes como los patricios o los granaderos a caballo.

Quizá tome conciencia realmente a pesar de mi breve tiempo de vida, y a pesar de las mentiras mediáticas de que estábamos ganando, que había sido todo un fracaso, la llegada al país de Juan Pablo II para rezar por la paz me hicieron ver que todo había sido un hermoso espejismo en el cual nos habíamos sumergido cantando ¡Oh juremos con gloria morir!.

Todos los 2 de abril recuerdo a esos chicos de los cuales por no haber tenido la edad, podrían haber sido mis compañeros en esa guerra tan absurda y tan mentirosa que sus lapidas, sus cuerpos, van a quedar ahí como parte de nuestro derecho soberano para que los ingleses se acuerden que los argentinos “no somos hombres que se comen de un solo bocado”, sabias palabras de San Martin, cuando la Confederación Argentina luchaba contra el imperialismo anglo – francés allá por 1848, mientras que Florencio Varela, Sarmiento, Mitre,los Alsina,los  cipayos de esa época apoyaban la invasión extranjera siempre tan colonizados mentalmente y vendepatrias, como sus vástagos de los siglos XX y XXI, los  Martinez de Hoz, Macris, Cavallos, o Alsogarays.

Enfrentar en 1982  a una potencia imperialista y hacerla tener casi tres meses en el Atlántico Sur soportando a los pilotos, soldados y marinos argentinos combatiendo día a día, noche a noche y dándoles numerosas bajas, fue algo que no pudieron entender, ni lo van a entender nunca.

Hoy después de 34 años y ya como profesora de historia, puedo entender algo, algo  de lo que pasó y me lleva a esta conclusión: jamás, pero jamás nos hubieran ganado esos piratas si hubiera habido en ese momento un gobierno popular como el de San Martin en Mendoza, el de Dorrego durante  la Guerra contra el Brasil, o el de Rosas contra los Bloqueos anglo – franceses, o más acá el Peronismo, cuando el pueblo trabajador fue el verdadero protagonista de la historia, hubiera sido una cruzada histórica, en la que pueblo y fuerzas armadas se  hubieran unido como un eslabón de cadena indestructible contra cualquier potencia extranjera, pero. . . las Malvinas fueron recuperadas por una Tiranía despótica, desalmada, terrorista, policiaca al mejor estilo de los ejércitos mitristas que habían reprimido a su pueblo, siguiendo los consejos del ejemplar maestro Sarmiento: “no ahorre sangre de gauchos que es buena para abonar la tierra”, allá por 1861 en la que nuestros docentes liberales llaman con orgullo satírico “La Organización Nacional”. Estos militares educados en tan repugnante y execrable escuela histórica y   como corolario de ese genocidio, no solo le infringieron la única derrota a nuestro ejército nacional en su historia, sino que  mandaron a nuestros hermanos de nación a morir sin más que una taza de mate cocido y un trozo de pan, malditos desgraciados hijos de remil puta, cuando volvieron nuestros héroes los taparon, los camuflaron, solo me queda la visión del protagonista de la película “Iluminados por el Fuego”: ”un perro ladraba en la oscuridad de la noche, y solo mi madre desde lejos me esperaba al final de la calle”, eso fue Malvinas para ellos y después la indiferencia,  vinieron los gobiernos que se dicen democráticos olvidándose de ellos, discriminándolos, estafando su labor como lo que realmente fueron y serán por siempre: Héroes de Guerra. Quizá no exista todo el oro del mundo para pagar siquiera lo que han hecho por nosotros, simplemente que le demos un lugarcito en nuestras vidas reconociendo todo su esfuerzo, su heroísmo y su valentíacada dos de abril recordarlos no para viajar por un feriado largo si es el caso, sino demostrarles cuan importantes son en nuestras vidas, rezando una oración por ellos, limpiar y desempolvar la bandera argentina que guardamos después del último mundial de futbol, y colocarla en nuestras casas, cantar el himno, la marcha de Malvinas asistir al acto que se realice cerca de nuestras casas, así entre todos a lo ancho y a lo largo de nuestra tierra les daremos el reconocimiento que bien se tienen merecido.

En verdad, que distinto hubiera sido si hubiéramos tenido otro tipo de gobierno; un gobierno como el de San Martin en Cuyo, allá por 1819, abandonado por Buenos Aires que supo unir pueblo y ejército, digo asi porque también colaboraron los chilenos con la formación del Ejército de los Andes, hermanados contra el absolutismo español; como el de Dorrego en la guerra contra los lusitanos en 1828, donde uruguayos y argentinos unidos contra la fuerza imperial del Brasil, veteranos de las luchas por la emancipación y comandados por Alvear, si el mismo que nos quiso entregar al imperio inglés, a veces se redimen con una campaña magistral por su país, llevando el triunfo de nuestros hombres en la heroica gesta de Ituzaingó y sino el de Rosas durante los bloqueos anglo - francés, donde la gauchada unida a los granaderos y patricios no les dieron tregua a esos piratas, ese era el espíritu de la Patria Grande soñada por Artigas nuestro primer gran antecesor, cuando su máxima era “Naide es más que naides”, poniendo en pie de igualdad a todo el pueblo en su conjunto: el Estado como árbitro de los intereses clasistas de la sociedad, genial antecedente de la “Tercera posición Justicialista”; y viniendo al siglo XX, en un mundo donde prácticamente no existen los conflictos bélicos y el futbol es tomado como sinónimo de nacionalidad,  quizás me dejo también soñar que si Perón no hubiera muerto en 1974, asumió la primera magistratura en 1973 y los presidentes duraban seis años, su periodo de gobierno se habría extendido hasta 1979, hubiéramos ganado el mundial jugado en 1978, sin la ayuda de la presión  y las maniobras tramposas de esos criminales, como en el mítico 6 a 0 contra Perú, si no se podía esperar otra cosa de  esos responsables de los más aberrantes delitos de Lesa Humanidad.

Cuando en el 2004 el entonces presidente Néstor Kirchner le ordenó al Tte Gral Bendini a bajar los cuadros de los tiranos y represores de 1976 del colegio militar, lo hizo en honor de los ejércitos patriotas sanmartiniano, belgraniano y rosista, unidos a su pueblo por una causa común: Liberación o Dependencia. ¡Salud que la Patria Grande no está muerta, siempre se levanta cada vez que la quieran enterrar ideologías extrañas, gobiernos despóticos o pseudodemocráticos, dependientes y elitistas, como magistralmente la definió Scalabrini Ortiz “el subsuelo de la Patria sublevado”, siempre aparecerá cuando el llamado a salvar a la nación lo necesite como en 1829 en el combate de las vizcacheras, en 1848 en la heroica jornada de la Vuelta de Obligado, el 17 de octubre de 1945 o el 25 de mayo del 2003 con la promesa cumplida del extinto presidente Néstor Kirchner, ¡No voy a dejar colgado mis principios en la puerta de la casa rosada!.



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