Por Santiago Albizzatti (*), especial para NOVA.
"Quiero recordarles a cada uno de ellos, principalmente a los más jóvenes, que hoy promedian las edades de 58 a 68 años, que aún están en aptitud física de combatir, que en caso de continuar sosteniéndose este injusto encarcelamiento y denostación (sic) de los valores básicos, ameriten el deber de armarse nuevamente en defensa de las instituciones básicas de la república, hoy avasalladas por este régimen kirchnerista encabezado por la presidenta Cristina y sus secuaces". Marzo de 2013, Jorge Rafael Videla, dictador y genocida argentino.
Hace apenas algunas horas murió Alfredo Martínez de Hoz. Con la partida de "Joe", como lo llamaban sus conocidos, parte uno de los personajes más oscuros de la historia nacional. Su trayectoria profesional es verdaderamente llamativa. Invito al lector a que la analice conmigo y verá que es, sin ambages, una sorprendente cadena de perversidades.
Nacido en el seno de una familia de terratenientes que ha contribuido con varios presidentes a la Sociedad Rural Argentina, entidad de dudoso sentido del patriotismo, tuvo su primer logro significativo cuando fue nombrado ministro de Economía de la provincia de Salta, en los años 1957 y 1958, durante la Revolución Libertadora.
Su bautismo de fuego en la superestructura política provincial se da, vaya paradoja, en el contexto de una dictadura. Increíblemente, su próximo cargo será durante ¡otra dictadura! Ocurrió en 1962, cuando José María Guido derrocó por la fuerza a Arturo Frondizi, nombrando a Martínez de Hoz secretario de Agricultura y Ganadería.
En 1975 se arroga otro dudoso título: siendo titular de Acindar, convierte las instalaciones de la fábrica en el primer centro clandestino de detención, que sería una suerte de pabellón de pruebas para los ejercicios que luego los militares perfeccionarían durante el Operativo Independencia. En aquellas instalaciones fueron secuestrados, torturados y fusilados numerosos sindicalistas.
En 1976 su amigo personal Jorge Rafael Videla lo nombra ministro de Economía de la Nación. Como ministro, presentó un programa basado en la tracción de los sectores ganadero y minero, con un fuerte aumento de las inversiones extranjeras. Teniendo profundas relaciones personales con las autoridades de los organismos financieros internacionales, consigue rápidamente un crédito de 110 millones de dólares para el país. Comenzaba lo que sería una cuantiosa deuda externa.
Los alarmantes niveles de inflación obligan al Estado a intervenir en el mercado, algo que, a priori, iba en contra de las intenciones iniciales, que apuntaban a un libre mercado de tinte profundamente liberal y capitalista.
En el contexto internacional, la Argentina asume un nuevo rol. Ya no sería el productor mundial de alimentos, sino el pozo ciego donde irían a parar la mayoría de los créditos de los petrodólares que surgían a raudales de la banca norteamericana. El resto de las dictaduras latinoamericanas se pliegan a esta atractiva propuesta.
La actividad industrial se vino a pique. Muchas empresas se vieron obligadas a liquidar sus bienes de capital e instalaciones al mejor postor, urgidas de dinero para evitar la bancarrota. "Joe" Martínez de Hoz, convencido de su probidad como economista, cree que la crisis tiene su causa en el factor psicológico del ignorante pueblo argentino. Confecciona, entonces, la famosa "tablita".
Este instrumento se ufanaba de establecer, con una increíble capacidad de adivinación, la relación diaria de la devaluación entre el peso y el dólar durante los meses siguientes. En muy poco tiempo, los crecientes niveles de inflación superaron largamente a los valores de la "tablita" y hubo que darla de baja.
Gran amigo de Margaret Thatcher, "Joe" llegó a Londres para proponerle a la primer ministro la idea de llevar a cabo tareas conjuntas con los británicos. Ya reunía un equipo de amigos singular: Videla, Guido, el FMI, Thatcher. Lo que se dice, un lindo grupo para comer un asado en el Día del Amigo.
La crisis económica pronto se volvió insostenible y Martínez de Hoz atacó a sus otrora aliados: los bancos. En una movida espectacular, cerró forzosamente el Banco de los Andes, el Oddone, el Banco de Intercambio Regional y algunos más, provocando una corrida sin precedentes. Para frenar la retirada masiva de créditos, el gobierno rifó las pocas reservas que le quedaban, cubriendo los fondos de los bancos al borde de la bancarrota. En este contexto insalubre, Videla es reemplazado por Viola y José Martínez de Hoz, despojado de su líder y envuelto en un pesado manto de críticas, deja en su cargo a Lorenzo Sigaut.
El considerable daño, sin embargo, ya estaba hecho. La gigantesca deuda externa y sus amortizaciones maniatarían al primer gobierno desde el retorno de la democracia, obligado a renegociar eternamente el crédito, y proporcionaría el nacimiento, nada más ni nada menos, que de la hiperinflación y el menemismo.
Gracias "Joe", un amigo.
(*) Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, posgrado en Políticas Públicas, representante de "Usinas Pampa Sur La Plata", Centro de Estudios Multidisciplinarios (CEM) "5 de Noviembre". Más artículos en el sitio web: www.SAUTELMEGUSTA.com.ar