Por Alfredo Antonuccio (*), especial para NOVA.
Hace un tiempo atrás, la inestabilidad en los países árabes se estaba acentuando día a día y eran notorias las gestaciones de corte revolucionario en ellos. Que si bien se venían sucediendo en varios países de la región, me refiero a Asia y norte del África a la vez, en Egipto se hizo más visible con su estallido. Donde había tibias opiniones del país imperial y las potencias europeas parecían estar expectantes a las decisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Los presidentes de Unasur lanzaron, ante los primeros hechos, que la OTAN iba a intervenir con armas en el conflicto del mundo árabe; los analistas políticos y sabelotodos observadores de la geopolítica del planeta hicieron un gesto mediático de desprecio a semejante aseveración. Los días se sucedieron y los conflictos se agravaron. Llegamos a Libia, donde ninguno escapa a la gravedad del conflicto que se vive; y vemos que los presidentes de América Latina no se habían equivocado.
Mientras, por ejemplo, tanto Argentina como Brasil cuestionaban la temporabilidad de sus países en el Consejo de Seguridad de la ONU, este decidía, ante una evidente influencia de las potencias mundiales que lo integra, la decisión de la intervención.
Y así fue, la decisión del cerco y ataque sobre Libia parecía un trámite normal, uno más, que al final se llevó a cabo. Hoy nos encontramos con que la OTAN sigue hasta el presente sin definir su papel en Libia, los ataques armados no cesaron y el desastre quedó en puerta.
Varios países de nuestra región se proclamaron contra esta decisión. Brasil sufrió la presión de la visita de Barack Obama en esos momentos para pronunciarse y se me ocurre que el nuestro estaba en la misma, por cuanto el teléfono con Brasilia no podía determinar la decisión para tocar la misma campana con el Brasil de Dilma. Sin embargo, se manifestó desde nuestra Cancillería que no era el momento, por cuanto no estaban agotadas las vías diplomáticas para definir semejante situación, para iniciar un ataque sin cuartel al país africano.
A esta altura, ya la ingenuidad de otros tiempos no está en las razones de análisis para contemplar situaciones de esta naturaleza. Digo la palabra ingenuidad, que quizás no es la correcta, para señalar que flota en la región un tufillo de autodeterminación de nuestros pueblos, que antes era de una subordinación total al tinte colonial con los países poderosos y en especial a los EEUU; sin olvidar su cómplice mundial como es el Estado de Israel.
Mientras la agresión armada era sin cuartel contra Libia, Obama jugaba a sobrellevar con su presencia una suerte de de fraternidad diplomática con nuestra región. Que por lo visto consideran que se les escapa de las garras imperiales.
Se dice que dos más dos es cuatro en aritmética simple. La demanda mundial de las grandes potencias también se focaliza en esta razón matemática, es decir, seguir en el dominio de los intereses que los caracteriza. El futuro es la energía y la sustentación del negocio ¿De qué se trata la energía? Simplemente agua y petróleo. ¿El negocio? El de las armas y el del sostenimiento del sistema neoliberal. Este, con el dominio del mercado de capitales planetario sobre la autogestión de las autonomías de los países con materias primas, y el fortalecimiento a través de las operaciones de producción que cada uno puede poner en práctica.
Y si me equivoco díganme el motivo de la “Guerra del Golfo”, la despiadada invasión a Irak, el no perder el dominio sobre la Península Arábiga y demás países árabes con notables reservas petroleras.
Obviamente, tenemos que agregarles la obsesiva búsqueda intervencionista sobre nuestra región, que no se reduce a la búsqueda del petróleo de Venezuela y Ecuador, sino a las grades reservas de agua, por ejemplo las de nuestro Acuífero Guaraní, glaciares y lagos, además de otras riquezas forestales, etc.
Señores, la OTAN se metió en el baile, tiene una intervención sin un claro desenlace, y que a ojos vistas no pueden sostener, ya la iniciaron. El pecado ya se cometió. Las contradicciones se suceden en su seno y en el de los países de Europa.
Pero hay un punto que no podemos dejar escapar. Y está relacionado con el poderío mundial de la supremacía de economías. Este es el cerco geopolítico con que se intenta cercar a China. Esta son las intenciones de los “Halcones” del Pentágono, que sobrevuelan por sobre las decisiones del propio gobierno de Estados Unidos.
(*) Diputado bonaerense del FpV-PJ.