En unos pocos días estará definido con el cierre de listas plasmando quiénes serán los referentes políticos que diriman diferencias en las PASO y, en menos que cante un gallo, la ciudad tendrá un nuevo intendente o seguirá con un nuevo mandato de Julio Garro.
Mientras tanto, los aparatos se mueven en coincidencia partidaria movilizando gente y armando los primeros retenes publicitarios. El zoológico político en marcha.
Humildes para acá, humildes para allá. De micro en micro, de acto en acto, mientras los poderosos se pasean con los brazos levantados ante el aplauso exigido y de compromiso de aquellos que no pueden decodificar el mensaje que reciben, pero comprenden de necesidades y promesas.
“A mí me gusta Cristina” comenta la señora enfundada en una chomba de Yo Amo a mi Ciudad. “Yo voy a votar a Milei” apuesta el joven que pone y saca los carteles de la pre candidata de una organización social. “No me importa nada” manifestó un hombre en un acto del FdT en Chacarita Platense.
Los numerólogos a sus anchas: Metimos 700, dos mil, tres mil. Nutrida concurrencia, destacan. Acá estamos donde debemos estar, acompañando a Pedrito. Son frases que hoy resuenan y que inundan un escenario de dichos y mentiras que solamente sirven para que el acervo militante se retuerza de saña o alegría.
Mientras que algunos políticos se esfuerzan en mostrar actos colmados, basados en movilizaciones de micros escolares con gente arriada desde la periferia, otros, en cambio, cambian la temática y se muestran apuntando planos, fotos, o algún papiro de la época de Cleopatra. De temas hidráulicos, sociales, culturales o de ingeniería, quizás, pocos entienden, pero señalan.
Los actos resultan muy simpáticos en cuanto a militantes que exageran sus afectos. Existen esas personas que se matan por caminar junto al referente y, sin tapujo, son capaces de codearse con cualquiera. Aparecen los que abrazan, besan y le hablan cara a cara, como si lo fueran a besar en la boca al referente, vociferando y salpicando de saliva la humanidad del elegido que busca revoleando los ojos, como ternero degollado, que se lo saquen de encima.
La calle está dura con el frío que hace, así que cualquier muestra de fin de semana debe hacerse en poco tiempo. Porque el militante real se cansa y al pago hay que bancarle la hora. Por el momento, con uno de mil se arregla el puesto por cabeza. El bajo número de valerosos militantes hacen el aguante con cada elección se complementa con el militante pago que se encolumna detrás de los nuevos puestos del tipo “pancheros” que están en las esquinas.
Siempre están aquellos que verlos en su accionar resultan muy patéticos. Los que aclaman al político al igual que a una figura del rock o del deporte, llegando hasta las lágrimas ante su presencia. Los “canicheros” son los más bizarros. Saltan, bailan, se mueven, se muestran, sonríen ante una frase y festejan a rabiar las humoradas del discurso. Les falta el cartelito de “acá estoy, mírame” para redondear su patética figura.
Aramos dijo el mosquito, insecto capaz de sacarse fotos junto a una parrilla, otra haciendo bulto asomando la cabeza por detrás de los primeros actores y luego chapear con ser parte de una mesa chica de decisiones.
El hormiguero se encuentra movido como si lo hubiesen pateado. Las mismas caras se pasean de acto en acto y de convocatoria en convocatoria. Quizás sean los mismos, sumados a nuevos actores. La política deja una dádiva en el camino que permite regar las calles de fieles y que en definitiva, a razón de pocos meses, a muchos golpeados en el camino.