Por Martín López Lastra, especial para NOVA.
Dos importantes señales, con características de mensajes cifrados, se registraron en la semana con lectura puertas adentro de la política partidaria oficialista y que tiene mucha influencia en el futuro del 2011.
La primera es muy evidente a la luz de la reciente decisión de la presidenta Cristina Fernández de designar a un intendente del Conurbano al frente de
La segunda fue una señal descubierta por aquel sano ejercicio del periodismo de relevar y requerir verdades que están ocultas por decisión del poder. Un almuerzo secreto de Daniel Scioli con la embajadora de Estados Unidos, en Puerto Madero, dejó de tener la condición de "privado" para alimentar rumores y conclusiones.
La incorporación del jefe comunal de Berazategui, Juan José Mussi, a la cartera de asuntos ambientales no habla tanto del destino que se le dio sino de la entidad que constituye que
Tiene tal vez múltiples lecturas, de las cuales podemos elegir dos. La primera tiene que ver con su peso histórico de poder propio en el Conurbano, tal vez con mayor peso que muchos que suelen desplegar su plumaje sin sentido. Hace una suerte de "espejo" respecto de designaciones de intendentes conocidos como Baldomero Álvarez en el gabinete provincial. Hace también a una interpretación de fortalecimiento de la "línea directa" entre
La hipótesis más discutible, más que nada en el ámbito cercano a Daniel Scioli, es que la designación de Mussi fue un reconocimiento y premio a la lealtad, tal vez mejor demostrada que el jefe de Estado provincial, en el famoso plenario de intendentes, donde los invitados superaron en protagonismo al anfitrión.
Uno de ellos -quien sacó chapa de referente, superando incluso a otros más químicamente puros del kirchnerismo como Darío Díaz Pérez- fue, justamente, Juan José Mussi.
En ese encuentro, cuando se manifestaba todavía el luto por el fallecimiento de Néstor Kirchner, Mussi solicitó a los presentes una demostración de fidelidad al proyecto, encarnado en la figura de Cristina. No había para Mussi otra interpretación que la continuidad de su gestión.
En esa oportunidad, Scioli sacó de un imaginario "botiquín de urgencias" una suerte de interpretación "protocolar" del encuentro, explicando la condición prematura de esa discusión. En realidad su desesperación por alargar ese debate y, por ende, su status de candidato presidencial suplente con valor agregado, estaba muy claro.
La moción de Mussi -quien, de paso bueno es recordar, tuvo gran parte de su vida política al lado de Eduardo Duhalde- no prosperó, pero quedó en el banco de datos de
Además, por qué no tenerlo en cuenta, se rescató a un importante referente que pudo haber estado en aquella famosa lista de quienes regresarían al ruedo duhaldista para oponerse al kirchnerismo. Esa famosa lista está aún muy incompleta para las expectativas del ex gobernador.
La segunda señal, ya en el terreno de los descubrimientos periodísticos, tiene que ver con el hallazgo y operación de algún sector interesado para que se conociera un almuerzo entre la embajadora de Estados Unidos y Daniel Scioli.
El principal interrogante, con otros concordantes, fue el de determinar qué hacía el gobernador en un encuentro privado con gente de
¿Tal vez Scioli recuperó y potenció su rol de vicepresidente del Partido Justicialista formal aunque no con poder real sobre la estructura? ¿O, en todo caso, aprovechó para sostener su apreciado status de candidato suplente a la presidencia con valor agregado? Y cuando se habla de valor agregado, tiene que ver con las expectativas agregadas a la luz de los últimos acontecimientos, donde de parte del gobernador hubo una posición cercana al "mutis por el foro" respecto de los incidentes que copan las pantallas desde los últimos 15 días.
En ámbitos sciolistas manifiestan asombro ante estas interpretaciones, y señalan que nunca estuvo más clara la postura por la reelección en
Pero desde otros sectores periféricos del sector duro del kirchnerismo o peronistas disidentes, aún interpretan que nunca es tarde para tomar decisiones audaces.
Pero Scioli no quiere decidir, quiere esperar. Aún así, esperar es una señal de anteponer lo personal a los intereses de todo un partido. Esperar supone, en estos casos, un rol pasivo ante cualquier zozobra que ocurra con la jefa de Estado y un apuntalamiento, en todo caso, endeble.