Ya son parte del paisaje urbano de la ciudad: una salvación para algunos, una molestia para otros; lo cierto es que los “cuidacoches” o también llamados “trapitos” se multiplicaron en La Plata, donde en cada esquina o semáforo se los puede identificar a simple vista por su caracterización estética y su tarea específica. Conviven junto a otros trabajadores “a la gorra” como malabaristas o artistas callejeros.
Jorge Javier Lacruz es oriundo del populoso barrio berissense de “El Carmen”. Tiene 28 años y desde hace uno alterna trabajos informales con el cuidado de vehículos en la zona de calle 56 entre 8 y 9 y sus alrededores, en pleno microcentro platense.
Comparte su actividad con otros pares y forman una especie de “equipo de trabajo” en el que se complementan para desarrollar típicas tareas del “oficio” como el cuidado de autos, su limpieza y también el “asesoramiento” para algunos conductores, facilitando el tema del estacionamiento en horas de intenso tránsito.
“Esta vida es medio complicada, porque… ¿cómo te puedo decir?, no es un ingreso fijo, pero se sobrevive. Ganamos como para comer todos los días. Por ejemplo ahora con el tema del Estacionamiento Medido a nosotros nos favorece un poco porque vamos de cuadra a cuadra, porque hay más movimiento en la calle”, explica al ser consultado por este medio.
Minutos antes, un compañero de ruta se había negado gentilmente a dar su testimonio. Quizá por vergüenza o perfil bajo. Quizá por temor a lo que en la jerga callejera se denomina “escrache”. Se trata de una actividad informal en franco crecimiento en los grandes conglomerados urbanos como la capital bonaerense, muchas veces mal vista y rechazada por sus habitantes.
“Nunca tenemos problemas porque somos conocidos en la zona y hay confianza con la mayoría de la gente. Nosotros somos todos amigos y no hay problemas. La cuestión es que no vengan otros chicos a usurpar la cuadra o a rallar los autos que nosotros cuidamos. Nos llevamos entre nosotros re bien gracias a Dios”, explica, mientras saluda a algunos transeúntes que ya lo reconocen como a un vecino más.
¿Qué es lo que le ofrecen como servicio a las personas que dejan sus autos estacionados?
-Y nada especial.., se lo cuidamos y tratamos de que no vengan a robarles una antena, las llantas o algún espejo, pero también evitar que rallen los autos. Por ahí tratamos de cuidarlo porque todo cuesta ¿vio?
También lavamos los autos por 20 o 25 pesos, cuando un lavadero vale el doble o más, pero el precio varía según quién lo limpie, pero nunca vale más que 30 pesos. Después, el tema del cuidado del coche es a voluntad y va cambiando, no hay un precio. Por ahí te dan monedas o capaz que te dan cinco o diez pesos.
¿Cómo deberían llamarlos? ¿Trapitos, o simplemente cuidacoches?
-Trapito y cuida-coche es lo mismo…, es difícil saber cuántos somos porque no hay un registro oficial. Es difícil contar a los trapitos porque donde veas hay uno, que se yo…
Lacruz admite que a veces se producen hechos de violencia por competencia en la rutina que realizan: “Esto es como todo, si vienen a una cuadra o a una zona que está ocupada, por ahí terminás a las trompadas, pero no pasa de ahí”, asegura.
En tu caso ¿cuánto dinero ingresás por mes?
Y…, si la cuidás y te guardás 50 pesos todos los días, te sirve mucho. Por ahí sacamos más de 100 pesos diarios, pero depende. Son jornadas desde las 8 hasta las 2 de la tarde. Por ahí sacás 4 mil pesos por mes, pero tenés que comer, y la comida es cara, cada vez más cara. Lo mismo el pago del cable, la luz o algún servicio, y depende de si tenés familia también.
Jorge Javier Lacruz se despide para continuar su rutina. En la vereda de enfrente lo esperan, risueños e infusión en mano, algunos de sus compañeros de faena. Los mismos con los que comparte en forma diaria su oficio de “cuidacoche”.