Opinión
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El renunciamiento de Eva Perón: la hora del sacrificio, el comienzo de una larga despedida

Hoy se cumplen 61 años de la histórica renuncia de Eva Perón a la candidatura para la vicepresidencia nacional.
Hoy se cumplen 61 años de la histórica renuncia de Eva Perón a la candidatura para la vicepresidencia nacional.


Por Sabino Mostaccio, especial para NOVA.

 

 

Hoy se cumplen 61 años de la histórica renuncia de Eva Perón a la candidatura para la vicepresidencia nacional. Hace 61 años, esta abnegada y valiente mujer puso un abrupto fin a su carrera política, bajo el peso de una enfermedad que avanzaba cada vez más rápido y las mezquinas presiones de muchos otros, que veían con aprehensión el ascendiente que Eva ejercía sobre las masas y temían por su futuro político.

 

Esta mujer admirable acompañaba a su marido, el general Juan Domingo Perón, en la magna obra de edificar una nueva Argentina desde hacía ya cinco años. Se habían casado en 1945 y compartieron tanto los momentos de desazón como los  instantes de gloria que su lucha les deparó.

 

Evita fue una pieza clave en el armado peronista. Por su inmensa sensibilidad por los más humildes y desposeídos, por su lucha para reivindicar los derechos de los que hasta entonces no habían ocupado ningún lugar clave en la historia, tal como lo demostró en la culminación de la lucha de las mujeres argentinas por obtener los plenos derechos políticos, tuvo las agallas necesarias para ser protagonista indiscutible de una época de cambios en la Argentina.

 

Dentro de una larga lucha por el alma de la nación, que nos acompaña hasta nuestros días, ella supo dar sobradas muestras de capacidad y carácter.

 

De humilde cuna, al igual que tantos, no olvidó nunca su origen y dedicó la mayor parte de su vida a acabar con la miseria que envolvía a muchos compatriotas, a darles la esperanza de un mañana mejor y a transmitir un mensaje de dignidad a las generaciones futuras.

 

Su obra no vivió mucho más que ella y el país que ella dejaría al año siguiente habría de pasar por momentos de luz y oscuridad en los próximos años, pero la memoria de esta mujer, de su obra y su lucha siguieron vivos en el corazón de muchos argentinos.

 

Su nombre está estrechamente ligado a la gran epopeya peronista y a los momentos más gloriosos de la obra justicialista. Juan Domingo Perón valoró siempre a la mujer que tuvo a su lado, y sintió como nadie la pérdida de su compañera, que primero se despojó de los honores y luego entregó su vida, ante el único enemigo que no pudo vencer, la cruel enfermedad.

 

Pero no es mi intención detenerme en este aspecto tan lúgubre, sino que es ir más allá del mito, y rescatar el inmenso valor humano de una mujer que nos dio mucho, con sus errores y aciertos, pero con cuya memoria estamos aun en deuda.

 

Esta mujer, que no dudó en dar los pasos necesarios para construir un mejor camino para esta Argentina, que lega bastante herida y maltrecha, pero que está caminando pese a todo y tiene un futuro glorioso y esperanzador.

 

Como Evita bien dijera en su discurso de despedida: "Renuncio a los honores, no renuncio a la lucha", está en nosotros saber separar lo contingente de lo grandioso, estar listos para los mayores sacrificios y tener en alto el corazón para la lucha, aunque esto nos cueste cualquier dadiva, privilegio, recompensa o la vida misma.

 

 

(*) Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, representante de "Usinas Pampa Sur La Plata", Centro de Estudios Multidisciplinarios (CEM) "5 de Noviembre" - CEM.PampaSur@gmail.com.



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