Opinión
Documento CEM "5 de Noviembre"

El renacimiento de una ciudad y el alma solidaria del pueblo argentino

Miles de jóvenes se solidarizan con los damnificados por la inundación. (Foto: Yolanda Veloso).
Miles de jóvenes se solidarizan con los damnificados por la inundación. (Foto: Yolanda Veloso).


Cuenta la historia, que durante algunos de los más aciagos días de la historia humana, una ciudad del lejano norte del mundo, en su momento llamada Leningrado, hoy San Petersburgo, fue víctima de un brutal asedio de parte de la Werhmacht.

 

La maquinaria militar de la Alemania nazi, acoso que se prolongó durante 872 días con sus noches y que dejó un aterrador saldo de miles (millones según algunos historiadores) de muertos y heridos, además de reducir a cenizas gran parte de una ciudad considerada en su momento una de las más bellas del mundo.

 

La vida de su gente podía haber sido más miserable de no mediar la abrumadora solidaridad y patriotismo de muchos otros hermanos de la Madre Rusia y otras partes de la entonces Unión Soviética.

 

Con mucho esfuerzo, el Ejército Rojo soviético abrió una vía de comunicación entre la sitiada ciudad el territorio ruso libre, que permitió mitigar las carencias y sufrimientos de los habitantes de la ciudad.

 

A través de ese corredor vial abierto sobre las congeladas aguas del Lago Ladoga (a cuyas orillas se encuentra la ciudad), el llamado "Camino de la Vida", afluyeron a la ciudad toneladas de suministros enviados desde el resto del territorio soviético (y de Occidente también), los cuales permitieron mantener el inquebrantable ánimo de la ciudad, y convirtió a su gente en baluartes y símbolos de resistencia contra la crueldad de la tiranía nazi.

 

El ejemplo heroico de su gente y de los hermanos rusos que, pese a la venalidad, brutalidad e incompetencia de sus gobernantes, dieron todo de sí para apoyar a sus hermanos sitiados o combatientes en el frente, aún es digno de admiración y respeto; al igual que muchísimos ejemplos de heroísmo y humanidad que, pese a las tremendas dificultades, se dieron en esa época.

 

Ahora, volvamos a nuestros días, y a nuestra tierra. Muchas ciudades argentinas han sido víctimas de catástrofes naturales o humanas a través de la historia, ninguna de la magnitud de la antigua Leningrado, pero el sufrimiento y el dolor humano no saben de números ni de historia ni de geografía.

 

La lista de ciudades en nuestra tierra que sufrieron ese aciago destino es larga, entre ellas se encuentran Mendoza, San Juan, Santa Fe, Rio Tercero, etcétera. Y hoy le tocó nada más ni nada menos que a La Plata, una ciudad que siempre fue presentada al mundo como un orgullo y un ejemplo de organización y pujanza.

  

Hoy, la ciudad de La Plata, vive uno de los momentos más tristes de su historia. Una catástrofe natural, una gran inundación como resultado de una de las peores tormentas que vivió la región y que se saldó con barrios enteros anegados, miles de personas que sufrieron graves pérdidas materiales, con tantos otros miles que quedaron sin hogar y un luctuoso saldo de muertos y desaparecidos.

 

Realmente, una de las horas más tristes para los platenses. Pero en medio de la calamidad, el sol consigue brillar con más fuerza, y nuevamente, aflora el alma solidaria de nuestro pueblo argentino.

 

Miles de toneladas de suministros llegan a la castigada ciudad, afluyendo desde todos los rincones del país. Miles de voluntarios se aprestan a auxiliar y a consolar a los hermanos que todo lo han perdido, manos anónimas, gente a la que nada le sobra pero sin embargo entrega de manera abnegada lo máximo que puede dar un ser humano por otros semejantes, tanto a nivel material como espiritual.

 

Un nuevo "Camino de la vida" se encuentra abierto, y en tiempos de individualismo y egoísmo salvaje y extremo, nuevamente los argentinos dan al mundo un ejemplo de amor al prójimo y solidaridad que realmente inspiran y brindan un tremendo apoyo y una renovada esperanza a los que todo lo perdieron.

 

Desde nuestro humilde espacio, invitamos a todos los hombres y mujeres de bien (que somos la inmensa mayoría), a colaborar y apoyar siempre al necesitado, en cualquier hora o lugar. Hoy le tocó a La Plata, y, para nosotros, como nativos esta la ciudad, realmente nos llegan al corazón todos estos gestos de hermandad, los cuales llenan el alma.

 

La historia se repite de diversas formas, pero lo bueno es lo que abriga al corazón humano, y para salvación y orgullo de la humanidad, también. Y esto al final es lo que cuenta. ¡Fuerza La Plata, hoy y siempre, todos somos hermanos!



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