Por Roberto G. Abrodos, especial para NOVA.
Fundada ya la ciudad de La Plata, corolario natural y lógico del plan urbano era, para el gobierno bonaerense, arbitrar incentivos adecuados a fin de concretar la radicación de pobladores estables; la fuente de trabajo más inmediata y subordinada a la autoridad política era la administración pública de la Provincia, cuyos agentes podrían ser alentados y obligados, a la vez para establecer sus domicilios familiares en la nueva capital.
Hacia mediados de 1881 ya corrían las versiones sobre la ventaja que el gobierno bonaerense otorgaría a los empleado de su dependencia, para facilitarles la adquisición de sus viviendas en la futura capital; según comentarios periodísticos, podría afectarse un cierto porcentaje mensual del sueldo para amortizar a grandes plazos el costo de la casa que desea adjudicarse a cada agente del Estado.
Lo cierto es que para atraer población mediante la generación de actividades ocupacionales era necesario resolver dos problemas esenciales: el acceso a la vivienda y, en lo posible, a la propiedad del suelo.
Lo primero requería, como etapa previa, planes de construcción de unidades habitacionales en cantidad suficiente y con adecuados financiamientos que posibiliten su compra, pero esto no era todo el problema, se requerían también sistemas de comunicaciones interurbanas, de infraestructura de servicios en la ciudad, comprendiendo pavimentos y transportes, alumbrado público y domiciliario, aguas corrientes y desagües, limpieza de la ciudad y otros requerimientos de similar índole.
También se hacía imprescindible estructurar sistemas educativos y culturales y posibilitar el desenvolvimiento de la vida espiritual de la futura comunidad platense.
El 9 agosto de 1882 entró en vigencia la ley, prometiendo ventajas a quienes poblasen la ciudad de La Plata en calidad de fundadores; éstas no se circunscribían a empleados estatales, sino que alcanzaban a todo el que se radicarse en la ciudad y comenzara a construir su casa en el día de la colocación de la piedra fundamental.
Las medidas se fueron implementando y dando sus resultados, tal es así que en octubre de 1885 se realizó el tercer censo general de La Plata que, como el primero, fue levantado por cuenta del gobierno provincial.
La comparación de las cifras correspondientes al recinto urbano (excluidos Los Hornos, el puerto, el pueblo de la Ensenada y las chacras y quintas del ejido) permitió comprobar que la población total durante los 19 meses transcurridos desde marzo del año anterior se duplicó con exceso y pasó de 6.846 a 13,985 habitantes.
Resulta significativa también la estadística de matrimonios según la nacionalidad de los contrayentes. En los primeros diez meses de 1885 se habían bendecido 95 enlaces en la parroquia platense de San Ponciano y 15 en la de Nuestra Señora de la merced en Ensenada, totalizando 110 matrimonios; de estos, sólo 17 eran constituidos entre argentinos y argentinas, cincuenta y uno lo eran entre italianos e italianas, y cinco entre franceses y francesas.
Los restantes 37 habían sido celebrados entre contrayentes de diversas nacionalidades; seis italianos con argentinas, seis españolas con argentinas, cinco franceses con argentinas, cinco italianos con españolas, dos argentinos con italianas y otras combinaciones que reflejan el carácter entre pobladores de una misma ciudad aunque de diversos orígenes.
(*) La Plata la Ciudad Mágica
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