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El día que el intendente de La Plata decidió privatizar el cementerio

Un día los muertos volvieron a la vida. (Dibujante invitado: Rubén Bitz, especial para NOVA)
Un día los muertos volvieron a la vida. (Dibujante invitado: Rubén Bitz, especial para NOVA)


“Esto es un desastre”, mascullaba a los gritos el intendente de La Plata, Julio Garrón, al tiempo que se martillaba los dedos contra una bigornia y repetía epítetos irreproducibles que harían sonrojar de vergüenza al camionero Hugo Moyano. No caben dudas de que estaba al borde de la desesperación.

Fuera y sus hermanos me dejaron seco como lengua de loro”, decía el jefe comunal de la ciudad de las diagonales en referencia a su antecesor en el cargo. No faltaba a la verdad. En lugar de sillas para reunirse con su gabinete, tuvo que adquirir almohadones en una vieja compra venta para sentarse, y cada vez que todos se juntaban, parecía una reunión de budistas. Faltaban los sahumerios.

Cuando un empleado municipal más viejo que Matusalén le dijo que como intendente se iba a parar para toda la vida, no imaginó que se refería a que el ex mandatario Pablo Fuera y su gavilla de secuaces se iban a robar hasta las sillas.

El primero en levantar tímidamente la voz, fue el secretario de Espacios Públicos, Juan Ignacio Martínez Le Yerra, quien propuso empezar a “tercerizar” algunos servicios, “ya que la municipalidad no tiene personal capacitado y con la camiseta puesta”, señalando como ejemplo al Zoológico municipal, donde un león al que hacía meses no se lo alimentaba por falta de presupuesto, terminó devorándose a uno de los cuidadores del lugar.

Pensativo, el Director del Ente del Banco Municipal, Pablo Molino susurró que no le parecía mala idea, pero advirtió que la palabra “privatización” remitía a la época de Menem y Cavallo y al más rancio liberalismo. La secretaria general, Natalia Va Lejos, alejada absolutamente de la realidad, preguntó quiénes eran Menem y Cavallo. Silencio absoluto.

Por su parte, el secretario de Gobierno, Nelson Marinero exclamó exultante: “¡Desmitifiquemos el concepto de privatización: mejor hablemos de concesión”, y mencionó como ejemplo que el Cementerio municipal le ocasionaba grandes pérdidas a la comuna de La Plata, debido a que “los muertos no pagan impuestos”.

“¡Tiene razón Marinero!”, dijo el Lord Mayor, levantándose de su almohadón. ¡Por fin a alguien se le ocurre una idea como la gente!

El Gustavo “El Colo” Chifla, Director de Cultura, con aires de divo y aportando una gran cuota de racionalidad, argumentó que “si queremos que algún grupo poderoso de la ciudad se haga cargo del Cementerio, primero hay que modernizarlo”, al tiempo que los presentes asintieron positivamente con la cabeza, con una mezcla de admiración y resignación.

Enseguida, llamaron a varios trabajadores del Camposanto, quienes inmediatamente se hicieron presentes en el Palacio Municipal. En ese marco, el encargado de transmitir las órdenes fue Facundo Bonitto, edecán del intendente y jefe de la guardia de Granaderos Montados en chancho a pelo.

El joven asistente, les dijo a José Nicho, Marcos Coche Fúnebre,  Walter Lápida, Miguelito Panteón, y Marito Bóveda, que se pusieran manos a la obra para embellecer la necrópolis, con el objetivo de dar una imagen de alegría y distensión a quienes vayan a visitar a sus deudos.

Así fue cómo todos los empleados se pusieron manos a la obra, y comenzaron a desenterrar esqueletos para exponerlos al público. Los adornaron con globos amarillos del PRO. Compraron mazos de naipes y a muchos los pusieron a jugar al truco. Otras osamentas portaban en sus manos botellas de sidra en señal de espera a que se haga la Navidad.

Otros fumaban relajadamente sobre sus tumbas. De fondo se escuchaban temas de la banda de rock Todos tus muertos. Jolgorio y alegría, basta de caras tristes en las sepulturas. Hay vida después de la muerte, y así quedará establecido a partir de hoy, literalmente.

Marcelina Campillo, una de las visitantes, se horrorizó al ver tanto descontrol en un lugar sagrado, y comenzó a rezar trescientos padres nuestros, cien aves marías y 750 rosarios, el tiempo que su marido, Angelo Celio intentaba calmarlo: “Querida, no ha de ser tan malo el cementerio, ya que todos se mueren por estar en este lugar”.

Y pensar que todo comenzó en una simple de reunión de gabinete…



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