Por Santiago Albizzatti (*), especial para NOVA.
El 8 de marzo de cada año, desde 1911, se celebra el Día Internacional de la Mujer. Se conmemora su lucha por la participación social y política igualitaria, la emancipación de una situación de vil servilismo y la reivindicación de los derechos civiles y políticos de todas las mujeres del mundo, en pie de igualdad con el hombre. Este año, el eje temático central será la violencia de género.
Es esta una lucha que se ha librado desde el comienzo de la humanidad y que aún no se termina. Hipatia era una egipcia que ocupó importantes cargos en la Alejandría del año 400 de nuestra era. Luchó por sobreponerse a los estándares de la época, que la sumían a la casa, a la esclavitud y a la procreación como únicas actividades. Fue educada y educó, a su vez, a numerosos aristócratas que llegaron a ocupar grandes cargos.
Su vinculación con el paganismo le valió la enemistad del cristianismo en tiempos convulsos. En Cuaresma, un grupo de cristianos fanáticos la asaltó, la golpeó y fue arrastrada por la ciudad. Al llegar al Cesáreo, fue golpeada y descuartizada con filosas tejas, para luego exhibir sus restos ante la azorada población.
Durante la Revolución Francesa, las mujeres se animaron a marchar sobre Versalles a la par de los hombres. De ésta gesta patriota surgirán peticiones formales de derechos políticos y ciudadanía de la mujer.
A finales del siglo XIX pulularon por el mundo movimientos reivindicatorios de la mujer, que reclamaban sufragio universal y la clara diferencia entre sexualidad y procreación. Entre aquellas mujeres estaba la escritora y pensadora feminista Flora Celestine Tristán, francesa de procedencia peruana que escribiría largas y gloriosas páginas de la historia.
En el año 1909, el Partido Socialista de los Estados Unidos declara el día de las Mujeres Socialistas y, ese mismo año, se celebra la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, donde se reclama nuevamente el sufragio universal. Al año siguiente, el empuje de la dirigente comunista alemana Clara Zetkin logra que se declare al 8 de marzo Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
El 25 de marzo de 1911 se incendia la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York, causando la muerte de 146 trabajadoras, inmigrantes la mayoría. Este terrible hecho marca un antes y un después en la eterna reivindicación femenina, que aumenta en mucho su tenor, su adhesión y hasta son adicionados sendos reclamos por las condiciones laborales.
En 1917 estalla la Revolución Rusa. Si bien fueron muchas las razones que motivaron tal irrupción socioeconómica, lo cierto es que el 8 de marzo las mujeres de Petrogrado se manifestaron exigiendo pan.
Los obreros se sumaron rápidamente a su causa y pronto el grito corría como un reguero de pólvora por toda la región. Fueron mucho más allá: cansados del maltrato, la hambruna y los desastres de las derrotas rusas en la Primera Guerra Mundial, exigen el fin de la guerra y de la monarquía. El zar Nicolás II, cuya caída en desgracia de los corazones de su pueblo se había evidenciado un año antes con el asesinato del asesor personal de su esposa, el oscuro Rasputín, envía al ejército a limpiar las calles, sin contar con el hecho de que sus soldados no deseaban atacar un pueblo al que entendían y, en su interior, apoyaban. Pronto todos ocupan un mismo bando, lo que hace que el zar abdique.
El entusiasmo llega a Latinoamérica. En 1927 Uruguay es el primer país en aprobar el sufragio femenino, durante el plebiscito de Cerro Chato. Algo menos de veinte años después, irrumpía Evita Perón, empujón histórico, anímico y moral del movimiento feminista.
Al asumir el gobierno de Juan Domingo Perón en mayo de 1946, Evita presenta un proyecto de ley que proponía el sufragio femenino. La iniciativa le vale un vendaval de críticas, tanto de partidos opositores como del interior del mismo peronismo. Tres meses después, el Senado le da media sanción al proyecto. Un año después lo hace Diputados. Nace así la ley 13.010, que establece la igualdad de derechos políticos entre hombres y mujeres y el sufragio universal.
Evita, vale recordarlo, era además, la fundadora del extinto Partido Peronista Femenino, que garantizaba un 33 por ciento de los cargos que obtenía el peronismo para las filas femeninas. La innovación del mismo, era la canalización de las voluntades políticas femeninas en unidades básicas dispersas a lo largo y ancho del país. En 1951, en gran parte gracias al PPF, fueron elegidas 23 diputadas nacionales y 6 senadoras nacionales.
La lista de heroínas de la historia de los derechos femeninos es realmente interminable. Podemos agregar, a las ya mencionadas, a Rosa de Luxemburgo, Mary Wollstonecraft, Simone de Beauvoir, Alicia Moreau de Justo y a los cientos de millones que aquí y allá se enaltecieron enfrentándose a lo establecido, y aún así seguiríamos pecando de injustos.
La última de las batallas sea, quizá, la violencia de género. Erradicar este flagelo despreciable, flaco a la calidad humana de una sociedad que progresa, es un deber de todos. Así, los logros de estas inestimables damas de la historia mundial jamás retrocederán, porque la llama que encendieron se encuentra más viva que nunca.
(*) Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, posgrado en Políticas Públicas, representante de "Usinas Pampa Sur La Plata", Centro de Estudios Multidisciplinarios (CEM) "5 de Noviembre". Más artículos en el sitio web: www.SAUTELMEGUSTA.com.ar.