Por Mario Casalongue, de la redacción de NOVA
No reconocer a un hijo, no darle el apellido, negarlo hasta el hartazgo, cuando los análisis de ADN dicen que es tuyo, que es carne de tu carne, y sangre de tu sangre, es de verdadero hijo de puta, con perdón de las putas, que son mejores personas que muchos que predican la moral con la bragueta abierta, políticos, sobre todo.
He leído hasta cansarme, cómo a este vulgar borracho, falopero y soberbio hasta la médula, conocido como Diego Armando Maradona, que se cree impune a todo y a todos, es catalogado como Dios en base a sus andanzas futbolísticas. Pero Dios es otra cosa.
Dios es amor al prójimo, es dar sin recibir nada a cambio, es recibir cachetadas y seguir poniendo la otra mejilla hasta que arda, es perdonar al enemigo, es cargar la cruz sobre la espalda, es morir crucificado, es caminar sobre las brasas aunque te ardan los pies, es vivir para servir a los demás, y no para servirse de ellos.
Dios jamás diría que un hijo suyo no es suyo, porque todos somos hijos de Dios. Jamás necesitaría de ninguna sustancia prohibida para sentirse superior a nadie. Jamás insultaría a nadie, hiriéndolo en lo más profundo de sus sentimientos.
Este Diego Armando Maradroga, no solo no es Dios, sino que tampoco da para aprendiz de diablo porque no le da el piné. Es un simple sorete que no llega ni siquiera a la categoría de ser humano.
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