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La crisis del Lobo y el silencio de la dirigencia

Cowen y compañía, paralizados ante un ciclo que ya no tiene retorno

Mientras Gimnasia se hunde y Orfila acumula derrotas, la dirigencia mantiene una pasividad alarmante. Pese al desgaste interno y los pedidos del plantel, nadie se anima a tomar una decisión que ya es inevitable.
Mientras Gimnasia se hunde y Orfila acumula derrotas, la dirigencia mantiene una pasividad alarmante. Pese al desgaste interno y los pedidos del plantel, nadie se anima a tomar una decisión que ya es inevitable.


Un nuevo golpe volvió a dejar al descubierto el descontrol que reina en Gimnasia. El equipo sumó su sexta derrota en las últimas ocho fechas y, aunque varios dirigentes coincidieron en que el ciclo de Orfila está terminado, el técnico sigue firme en el cargo. “El equipo responde”, se atrevió a decir en conferencia, en una frase que generó desconcierto hasta entre los suyos.

La realidad marca que la relación entre el entrenador y el plantel está rota. Todo comenzó cuando decidió entregarle la cinta de capitán a Gastón Suso tras la salida de Leonardo Morales, pasando por encima de referentes históricos como Pablo De Blasis o Lucas Castro. Esa medida provocó enojo y una reunión interna en Estancia Chica, donde varios jugadores le expresaron su malestar al DT.

Las decisiones sin rumbo continuaron. Orfila cambió formaciones y nombres sin explicación, rompiendo la confianza del grupo. El caso de Castro es el más claro: titular toda la pretemporada, fue borrado a días del debut y reemplazado por Alan Sosa, que duró apenas tres partidos. También insistió con la dupla Garayalde–Seoane pese a los flojos rendimientos, hasta que directamente los dejó afuera de las concentraciones.

Dentro de la Comisión Directiva hay quienes sostienen que el ciclo debió terminar tras la caída con Riestra. Sin embargo, la conducción de Mariano Cowen sigue mirando para otro lado. El principal motivo: la designación de Orfila fue impulsada por Claudio Tapia, y nadie quiere enfrentarse a la AFA en plena pelea por la permanencia. La política volvió a pesar más que el fútbol.

Así, mientras el equipo se derrumba y la paciencia del hincha se agota, la dirigencia permanece inmóvil. Todos saben que una derrota en el clásico con Estudiantes marcará el final del técnico, pero el daño ya está hecho. Gimnasia necesita decisiones, no excusas. Y los responsables están más arriba del banco de suplentes.



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