Opinión
Tiempo de carnavales

Carnestolendas 2011 en el Conurbano bonaerense

Carnaval. Murgas, corsos y un ritual que se repite año a año.
Carnaval. Murgas, corsos y un ritual que se repite año a año.


Por Alfredo Armando Aguirre.

 

Estamos pleno estado de clímax de los carnavales 2011. Por un clima especial, que intentare esbozar más adelante, la movida ha comenzado con ímpetu apenas comenzado febrero. Sea por aquello del “pinta tu aldea y serás universal”, o lo de la “observación participante”, de la que hablaba el antropólogo Malinowsky, lo cierto es que escribo esta nota, inmerso, en el jolgorio que me genera ser parte de la murga “Prisionero del Delirio”, de Sarandí Este.

A la fecha (1ero de marzo) nuestro murgón ha transitado por corsos de Avellaneda, Sarandí, Parque Avellaneda, Rosario, Lanús, Remedios  de Escalada, un bar cultural de Quilmes, El complejo “La Saladita”, San Justo, Haedo, Ituzaingó, Santos Lugares, El cid Campeador y Moreno.

No pretendo hacer una nota panorámica de los carnavales argentinos: ni remontarme a los ancestros del carnaval como fenómeno de la cultura popular.

Tan solo intento reflejar el momento en el  conurbano Bonaerense. Momento que prolonga lo que en lo que a mi hace vengo metabolizando desde los carnavales 2007.

Pero, como lo veníamos vislumbrando estas carnestolendas argentinas del 2011, tiene un toque diferente. Son las carnestolendas de la recuperación del feriado suprimido por un “ukase” allá por 1976.

Ínterin  y en el contexto de la recuperación de la democracia argentina en diciembre de 1983, fue asomando algo que venía soterrado, mucho antes de 1976, cuando el oscurantismo, se las tomó con lo demoníacos carnavales y sus cultores las mujeres y los hombres que trivialmente animan las murgas, genuina expresión de lo mas telúrico y profundo de la cultura popular.

Debe reconocerse que hicieron punta aquellos que lograron aprobar el Programa "Carnavales Porteños" en la Legislatura de la ciudad autónoma de Buenos Aires; pero en forma autogestionaria y con la vehemencia caótica de lo popular, iba creciendo casi anárquicamente un movimiento infanto juvenil de creciente presencia femenina en el conurbano bonaerense, expresivo de la vitalidad de esa masa sudorosa que suele inquietar a los que siguen queriendo imponer una ridícula y adventicia civilización europeizante.

Todo eso que venimos vivenciando, tornó a visibilizarse con la inclusión de las murgas en los festejos centrales del Bicentenario. Allí por primera vez la presidenta Cristina se puso la galera, que caracteriza a las y los murgueros. Gesto que volvería a repetirse cuando anunció la firma del Decreto de Necesidad y Urgencia, que incluía a la restauración  feriado de Carnaval. Allí la presidenta, dijo palabras que para quienes abrevan en la sensibilidad murguera, no eran  por cierto de circunstancia, sino que evidenciaban que el espíritu que se vive en los barrios en sus corsos hechos artesanalmente había logrado un status, inimaginable para quienes de niños juergueábamos en los 50: Un presidente (mujer) constitucional poniéndose la emblemática galera murguera en un acto de la Casa Rosada.

En estas carnestolendas, viene coexistiendo los corsos artesanales barriales con los corsos oficiales de los municipios.

Sin soslayar que algunos son remisos a lo contestatario de las murgas y que no faltaran quienes quieran manipular a los murgueros, lo cierto es que la murga tiene el signo de estos tiempos: el de la inclusión. Toda una movida repetimos infanto –juvenil y con creciente y hasta mayoritaria presencia femenina, va caracterizando al plexo carnaval- corsos- murga que anima en las barriadas del conurbano o en sus “centros”.

Asistimos a un momento muy especial Casi como si nos hubiesen “robado” el carnaval. Así suele acontecer cando algo hace eclosión popular. Y allí es cuando se tornan evidentes las limitaciones del lenguaje escrito y aun del oral. En la emergencia sólo atinamos a invitar a quienes todavía no se hayan acercado, a compartir la alegría irreverente de las murgas en el corso más cercano a su domicilio.

 En el espíritu que alguna vez balbuceamos desde los tablados: “Murguita del alma mía/Cuanta esperanza en tu gente/Nunca será suficiente, todo el agradecimiento/ Por un instante si quiera le das alivio al sufriente...Y esta murga irreverente, se irá por otros caminos, como un faro iluminando/la alegría interminable/del alma del arrabal…”. Que así sea.



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